Las inferiores en el olvido
Por Ignacio G. Del Río Tweet

La era de la modernidad y la tecnología nos ha llevado a acostumbrarnos a una cultura de lo inmediato, de lo instantáneo, lo cual también lo podemos ver reflejado en el fútbol aunque parezca exagerado. El público en general se preocupa de estar abonado a la señal de cable de turno para poder mirar el torneo local, el hincha se jacta de tener una selección mundialista y a uno de los mejores entrenadores del mundo, el dirigente se preocupa de la venta millonaria de uno de los valores de su S.A., aumenta el nivel de marketing, el coleccionista quiere tener siempre el último modelo de la camiseta de su equipo, aparece el “boom” del fútbol femenino y los canales de televisión crean rápidamente estelares sobre lo extra deportivo. Y así sucesivamente en todo orden de cosas.
Sin embargo todo este fenómeno mediático tiene sus bases en el trabajo de las divisiones inferiores que paradójicamente ocupa un lugar terciario en los debates. Así es, nada de lo mencionado anteriormente se produciría sin el proceso formativo de los jugadores, que se representa indudablemente como la causa de este proceso. Extrañamente son muy pocos los que se acuerdan de la importancia de dicho factor, el cual muchas veces parece hasta ignorado. Actualmente se ha mejorado en los aspectos periféricos del fútbol, pero las inferiores están en el olvido.
El éxito en el fútbol implica un proceso extenso, un camino largo, que comienza con las series infantiles hasta la sub 20. Un jugador pasa entre 8 y 12 años de formación antes de debutar en un plantel profesional de primera o segunda división. Ningún futbolista aparece desde la nada saltando a la fama, o como algunos creen por “arte de magia”, sino que tiene un gran recorrido en las etapas previas de preparación donde se desarrollan los fundamentos técnicos. En otras palabras, hoy en día, somos capaces de consumir una fruta pero no somos capaces de preocupamos del árbol y sus cuidados.
Estamos insertando al fútbol en la sociedad, dándole otro “status”, pero desde una mirada superficial y basada en el logro instantáneo. Si algún actor (jugador o entrenador) no cumple, debe ser eliminado de inmediato, sin analizar el porqué de las fallas. Sin visualizar si la derrota es producto de una circunstancia o debido a una falencia de fondo. No todas las derrotas son iguales, ya que en ocasiones no todo está mal. Lo mismo con los triunfos. Ocuparse del éxito presente sin pensar en el trabajo formativo, es comprarse un frac sin tener zapatos.
Hay una tendencia a preocuparse por los “efectos” y no por las “causas”. Al hablar del público que se suma al fútbol como un evento social, más que por el deporte propiamente tal, se puede admitir quizás dicha situación, sin embargo lo preocupante es cuando dicho pensamiento representa a los directivos. Son ellos los encargados de organizar una estructura en sus clubes, destinar fondos, generar proyectos, crear infraestructura, reclutar jugadores, poseer veedores, desarrollar filiales en provincias, etc.
Es desconocida la realidad que se vive en las series cadetes. Los clubes grandes y otras excepciones han realizado buenos esfuerzos, pero representan una minoría de los casos. Los jóvenes tienen pocos balones, compiten de manera irregular, no hay trabajo de pretemporada, tienen largos meses de para, carecen de comodidades mínimas como los camarines, duchas, indumentaria, terminan el colegio como pueden o simplemente lo abandonan, muchas veces sufren robos internos, no se cuenta con una “pensión” para la gente de escasos recursos o de provincia, etc.
Se apela a la preparación técnica, de manera exclusiva; lo cual ya no está siendo suficiente en el fútbol actual. No se aprecian planes con profesionales estables a cargo de formar los pilares a nivel: físico, táctico, mental, nutricional, de asistencia social, sino que es el mismo entrenador quien ejecuta parcialmente todas esas funciones, desde un conocimiento genérico. Muchos jóvenes con condiciones extremadamente grandes no llegan a cadetes, o simplemente se pierden en los días de “pruebas” donde se les evalúa por jugar durante 30 minutos. Ese tipo de cosas es las que hay que reducir. Es un error del sistema no saber aprovechar el universo de jugadores potenciales con los que se cuenta. Es un error del sistema no lograr desarrollar al máximo las capacidades de los futbolistas que posee en las series menores.
Por otra parte se debe considerar la forma de organizar las instituciones, ya que tiene que ver con la filosofía y misión de cada club. Tampoco debemos ser ingenuos y pasar por alto el factor financiero, ya que es una limitante que se aprecia en la práctica de nuestro fútbol. No desconozco esa realidad. Sin embargo hay un nivel de responsabilidad en la repartición de los fondos con los que se cuente (por mínimos que sean). Propongo un equilibrio entre el presupuesto destinado al plantel profesional y el destinado a las series menores, considerando todas las series. Generalmente el mayor porcentaje se lo lleva el primero, y por bastante diferencia.
Para tomar decisiones importantes se deben considerar aspectos como: Invertir en inferiores es ahorrar en los planteles futuros, Invertir en inferiores es crear una identidad como institución, Invertir en inferiores es reducir la compra de refuerzos, invertir en inferiores es poseer un patrimonio deportivo, invertir en inferiores es fortalecer la imagen del club, invertir en inferiores es aportar en la cultura deportiva de una ciudad o región, invertir en inferiores es algo mucho más viable que realizar un gasto excesivo en un plantel, entre otros aspectos. Finalmente no debemos olvidar que los jugadores pasan y las instituciones quedan.
Para asumir un cambio real es necesario replantear las bases, las cusas, ya que de otra manera todo éxito deportivo solamente será temporal y pasajero. No se hace, porque las inferiores no dan frutos de inmediato y se tiende a creer que son fondos mal invertidos.
Ahora, en la etapa de transición en que se encuentra el fútbol Chileno, sería ideal generar este cambio lo antes posible. Destinar recursos a los trabajos formativos como una política a largo plazo, independiente de los nombres que se encuentren en los altos cargos directivos de la federación. La materia prima está, los jóvenes con condiciones, ahora falta que exista una convicción en ellos y traducirlo en un respaldo institucional. Los nuevos jugadores están esperando.
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