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¿Somos o no somos?

Jueves, 9 de septiembre de 2010 | 10:05
Por Cristian Arcos M.

Uno de los grandes vicios que tenía la Copa Chile es que fue considerado como un torneo de segundo orden. Los hinchas pueden recitar de memoria los años en que dieron la vuelta olímpica en el certamen nacional, pero sólo los que han ganado muy poco retienen en la memoria los títulos de la Copa Chile.

Hamilton Ricard (CON) lucha un balón con Gabriel Sandoval (HUA). Foto: ANFP

Para evitar esto, la ANFP determinó establecer estímulos importantes para este torneo. Cupo y medio para la Copa Sudamericana. Clasificación directa para el ganador. Medio cupo para el perdedor. No es poco. Sin embargo, ya en la edición anterior, los clubes de Primera División no aprovecharon esta recompensa. San Felipe se quedó con la llave directa y Municipal Iquique tuvo la posibilidad de disputar en cancha un cupo con la U, que al final fue para los azules.

Este año la historia va por el mismo rumbo. Unión Española, Palestino y Ñublense son los únicos equipos de la serie de honor que siguen en carrera. Los rojos están quintos en el conteo general. Arabes y Diablos Rojos miran más la tabla de abajo hacia arriba, para evitar el descenso.

En contrapartida, de los cinco equipos calificados de la B, todos están en la liguilla final que determina el ascenso: Curicó, Puerto Montt, Concepción, La Calera, Iquique.

¿Los planteles chilenos no dan para pelear dos torneos? ¿Los equipos grandes siguen mirando en menos la Copa Chile, pese a la recompensa que ofrece? ¿Falta de categoría? ¿Errado trabajo fìsico? Como siempre, un poco de todo.

Para el futbolista chileno, sigue siendo un éxtasis jugar dos partidos a la semana. Se esgrimen los extensos traslados. Un argumento válido, pero no determinante, pues hay equipos que arman planteles numersosos que perfectamente podrían alternar a sus figuras. Además, si fuera por kilometraje, el torneo brasileño recorre tantas o más distancias, y se juega sagradamente, hace décadas, dos pleitos en siete días.

Comparar con Europa no es justo. Sociedades distintas. Economías diferentes. Incluso crianza, alimentación y necesidades desiguales. Pero se puede aprender del ejemplo. El trabajo físico en el Viejo Mundo va orientado a una sobrecarga de partidos.

Los clubes, si bien se trasladan mucho menos que en Sudámerica, disputan cinco o seis campeonatos por temporada. Cuatro como mínimo. Y no son pocos los que ganan muchos de ellos el mismo año. Chelsea. Bayern Munich. Milan. Inter. Manchester United. Más de una vez han sumado el trébol. Y qué decir del Barcelona, que en el 2009 jugó seis certámenes y ganó los seis.

No basta con buenos jugadores. Hay que agregarle tesón, esfuerzo, jerarquía. Y hambre. Hambre de triunfos. Tomarse las competencias un poquito más en serio. Sólo de esa forma el resultado será la conclusión de un trabajo sostenido. Y no un accidente estadístico.

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