Si no hay problemas vinculados al alcohol o con mujeres, ahora la polémica se genera por falta de comunicación a nivel dirigencial y personal.

Donde alguna vez hubo palabras cara a cara, ahora hay mensajes a través de la prensa (foto: El Mercurio).
A modo de resumen por lo sucedido ayer, les cuento que Claudio Borghi decidió marginar a cuatro jugadores de la Universidad de Chile que estaban en la nómina oficial. Lo hizo porque no cumplirían con la preparación completa para enfrentar a Colombia, cuyos trabajos iniciarán el 3 de septiembre. Pero Borghi no sabía –o no fue comunicado- de un supuesto acuerdo previo entre la concesionaria Azul Azul S.A. y la ANFP para ceder a los jugadores azules un día después, una vez finalizado un duelo frente a Cobreloa.
Esto generó un debate con muchas aristas. Una teoría dice que la culpa es de Sampaoli por no querer facilitar a los jugadores, algo que el propio entrenador se encargó de desmentir hoy. Lo que si se le puede criticar al estratega de la U, es la falta de comunicación con Borghi. Aunque diga que no es obligación para él hablar con el “Bichi”, a mí me parece que hay un tema personal detrás. Una lucha de egos muy mal manejada.
La otra, es que Borghi perjudica a los jugadores de la Universidad de Chile por cortarles la oportunidad de mostrar sus aptitudes en la “Roja”. Cosa que es discutible, porque acá el problema es a nivel dirigencial. Sin embargo, mientras escribía esto, me entero que el mandamás del fútbol profesional, Sergio Jadue, en declaraciones a Radio Agricultura, negó tajantemente un acuerdo con Azul Azul. Es decir, un fuerte espaldarazo al “Bichi”, argumentando lo mismo que el estratega: las fechas FIFA son intocables y ya había antes una planificación por el calendario de la Selección Chilena. Por lo tanto, habrá nuevos convocados.
Incluso, Jadue distendió un poco el asunto, expresando que “hasta para las Copas Gato nos han pedido liberar jugadores”. Más allá de las concretas medidas para evitar otra polémica como ésta, recordemos algunos casos en que chocaron las dirigencias y entrenadores con la selección.
Salió al ruedo Marcelo Bielsa, quien vive sus propios problemas junto a su equipo, el Athletic Club. Muchos recordaron cuando él dirigía a Chile y devolvió a cuatro jugadores de la U, mientras se hizo una mini-gira en Medio Oriente. Creo que no corresponde sacarlo al baile, porque hace más de un año y medio que dejó nuestra selección y lo único que provoca es una discusión entre “viudas” y “anti-viudas”, lo que no viene al caso.
No faltaron quienes, con mucha memoria a largo plazo, recordaron hechos como la marginación de Acosta a jugadores de Colo-Colo en 1997 o el pedido del “Bichi”, cuando era entrenador de Colo-Colo, de no facilitar jugadores a la Sub 23 chilena, debido a que se acercaba un importante partido por Copa Libertadores frente a las Chivas de Guadalajara. Es decir, casos como éstos nunca faltan en nuestra selección, lo que abre otro debate a nivel hincha y periodista deportivo: ¿es usted más fanático de su club o de la “Roja”?
Para mí, la Selección Chilena está sobre los clubes. Es una de las pocas cosas que nos une en un país tan extremista en sus opiniones como el nuestro. Además, cuando se celebra un gol de la “Roja”, no se está pensando en el club que defiende ese jugador, sino en que es una victoria para Chile. Es cierto también que muchos utilizan como excusa a la selección para comer asados, tomar cerveza a destajo y pasarla bien con los amigos. Pero por algo el lema es “La Roja de todos”. Y se valora más cuando un compatriota está en el extranjero. Nadie puede estar excluido de ese sentimiento, aunque se respeta a quienes prefieren a sus clubes, debido a que los ven todos los fines de semana y se genera esa pasión en toda su expresión.
En resumen, defender a la “Roja” es el máximo honor para un jugador profesional. Pero siempre hay algo que traba esa posibilidad. Si no es el “Bautizazo”, es el “Puerto Ordazo”, las “luces rojas”, los posibles acuerdos “secretos” y las avasalladoras personalidades que chocan entre colegas de profesión. En ese sentido, me declaro pesimista y no creo que esta situación –la pugna entre clubes y selección- vaya a cambiar en el corto plazo. Para eso, debería haber voluntad entre todos los implicados, cosa que en estos momentos no existe. Así de claro.