A quince años de una nueva ilusión mundialista

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Un día como hoy, Chile volvía a disputar un Mundial en dieciséis años. Su rival, Italia, era el gran favorito. Pero los goles de Marcelo Salas y un polémico penal  dejaron una sensación que se podía hacer historia en Francia.

Nuestra selección debió enfrentar a la «Azzurra» en el Stade Lescure de Bordeaux un jueves 11 de junio de 1998. La ansiedad era creciente y a cualquiera se le ponía la piel de gallina con la cantidad de chilenos que fueron al estadio ese día. También con la entonación del himno nacional y la emoción que eso implica para muchos. Faltaba muy poco para volver a debutar en una fase final de la Copa del Mundo.

Nelson Acosta paró un 3-5-2 con la idea de intentar ganar las bandas, además de confiar en la dupla «Za-Sa». Por otra parte, los italianos tomaron precauciones y asignaron marcas personales a los más peligrosos de la «Roja»: Nesta a Zamorano y Cannavaro a Salas.

En los primeros minutos se pudo apreciar a un Chile con bastante iniciativa, especialmente por parte de los laterales-volantes Moisés Villarroel y Francisco Rojas. Este último provocó, por ejemplo, que Di Livio fuese amonestado muy temprano, al minuto 7 de encuentro.

Dos minutos más tarde, Salas erró un pase a Villarroel. De ahí, a tres toques, con rechazo de Paolo Maldini y asistencia de Roberto Baggio a Christian Vieri, se abrió la cuenta a favor de los italianos. Mal ubicada la defensa chilena en ese contragolpe y había que recuperarse de ese golpe.

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Se necesitaba un poco más de Acuña y Parraguez para recuperar el mediocampo. Lentamente, Chile comenzó a tomar control las acciones, aunque la línea entre ellos y la ofensiva aún era muy amplia. No lograban conectarse bien para generar ocasiones de real peligro.

La primera oportunidad de gol para Chile llegó al minuto 23. Centro del «Murci», pivoteó Zamorano, Salas no estuvo bien ubicado y elevó su cabezazo frente al portero Pagliuca. Fue una gran jugada asociada con recuperación de balón que hizo renacer la esperanza.

De ahí en adelante, la «Roja» comenzó a ganar la mitad de cancha. Cannavaro fue amonestado a los 30′ por bajar de forma muy fea a Marcelo Salas. Ya había comunicación entre todas las líneas, mientras que la lluvia era incesante a esa hora en Bordeaux.

Aún así, Italia generaba peligro con el «Toro» Vieri, su referente de área. Los tres del fondo (Reyes, Fuentes y Margas) a duras penas podían repeler sus ataques. Otro problema es que los italianos anticipaban de forma constante, por lo que se diluía cualquier respuesta de los nacionales.

Hasta que llegó el minuto 45. En tiempo de adición, Fabián Estay sirvió un tiro de esquina. Vino el pivoteo de Zamorano, la recepción de Reyes y Marcelo Salas no perdonó en la entrada del área chica. Era el famoso «gol psicológico». Llegó un empate que Chile merecía y sirvió como un gran golpe anímico para la segunda parte.

Tanto fue así, que a los 49′ vino el centro de Clarence Acuña y el «Matador», elevándose unos 10 centímetros sobre Cannavaro, batió la resistencia de Pagliuca con un soberbio cabezazo. La clase del futuro jugador de la Lazio empezó a dar frutos y la «Roja» se puso en ventaja. De otro partido, de otro planeta.

Claro que no había tiempo para confiarse. A los 57′, una pequeña desconcentración de Pedro Reyes hizo que Roberto Baggio quedara solo, pero estuvo atento Nelson Tapia para despejar al córner.

Poco a poco Chile se acercaba a esa histórica actuación en Wembley frente a Inglaterra. Se estaba ganando el control del balón e incluso se pudo aumentar el marcador mediante Moisés Villarroel a los 64′, aunque su cabezazo fue trabado y no tuvo dirección. Para contrarrestar esto, Cesare Maldini metió a Enrico Chiesa y Filippo Inzaghi para aumentar el volumen ofensivo. Había que aguantar.

Ya estaba Miguel Ramírez, quien reemplazó a un resentido Javier Margas. Para manejar el balón en los últimos diez minutos, Acosta decidió hacer ingresar a José Luis Sierra y Fernando Cornejo. Pero antes, un peligroso remate de Inzaghi cayó en las manos de Tapia. Chile seguía en ventaja. Tuvo el tercero en los pies de Villarroel, pero el balón se fue desviado.

Pero esto lamentablemente terminó al minuto 83. El juez de Níger, Lucien Bouchardeau, consideró que la mano de Ronald Fuentes era intencional, aunque no tuvo tiempo de sacarla y Roberto Baggio estaba apenas a un metro de distancia. La cosa es que, injusto o no, se cobró el penal. El mismo Baggio se encargó de ejecutarlo, Tapia la alcanzó a tocar, pero no pudo evitar el empate de Italia. De paso, «Il divino» se sacó el estigma del penal fallado en Estados Unidos cuatro años antes, el que le dio el tetracampeonato a Brasil.

Nueve años después, ese árbitro le pidió disculpas a los chilenos. Era el fin de su carrera e incluso estuvo involucrado en un caso de corrupción. Más allá de eso, fue un auspicioso debut para la «Roja», equipo que fue de más a menos. Austria le empató a última hora, no mereció ni siquiera empatar frente a Camerún, pero le alcanzó para avanzar a Octavos de Final y Brasil mató la ilusión con un expresivo 4-1.

De todos modos, fue una experiencia que nadie lo olvidará para quienes lo vivimos. El ambiente, comparado al de Sudáfrica 2010,  es incomparable. Una locura por el fútbol que podría repetirse el próximo año en Brasil. Quince años después, un nuevo Mundial está muy cerca.



Mi nombre es Carlos Chussir, tengo 31 años, soy estudiante de Periodismo en Buenos Aires, Argentina. Sigo el fútbol desde pequeño, mi corazón es albo, pero comparto opiniones con hinchas de otros clubes con crítica y seriedad. Intento representar lo mejor posible a mi comuna de toda la vida: Villa Alemana.