No es común tener a seleccionados de primer nivel disputando partidos amistosos en Chile, mucho menos a un equipo que venía de ser subcampeón del mundo, sin embargo, la alocada década de los 60 dio para muchas cosas y entre ellas se encuentra éste amistoso, en el que la Roja, con sólo jugadores del medio local, batió a los teutones por 2-1.

Chile venía de sacudirse del  amargo trago que había sido la Copa América de 1967, en donde, una vez más, rozó la hazaña tras sucumbir frente a Argentina e igualar agonicamente ante los uruguayos (a la postre campeones del certamen) y debía enfocarse con miras a las clasificatorias rumbo a México 1970, para lo cual pactó una serie de amistosos, con suerte dispar en muchos de éstos, hasta que llegó el día en donde enfrentaría al equipo que sufrió el primer “gol fantasma” de la historia (obra y gracia de Geoff Hurst en Inglaterra 1966).

Es cierto, los alemanes se reservaron a grandes jugadores como Sepp Maier o el joven Gerd Muller, pero no por eso el equipo que enfrentó a la selección nacional era de bajo nivel, sino que al contrario, Chile enfrentó  a una Alemania que venía con estrellas de la época, tal es el caso de Wolfang Overath, Max Lorenz, Bernd Patzke, Willi Schulz, Berti Vogts, Herbert Wimmer, Gunter Netzer y el legendario Franz Beckenbauer, muchos de ellos protagonistas en Inglaterra 1966 y todos campeones de la Copa Mundial de 1974 y la Eurocopa de 1972, si el lector tiene mayores dudas sobre la calidad de ésta alineación queda aclarar, que su promedio de edad estribaba entre los 24 a 26 años, lo que nos permite entender, que salvo las ausencias anteriormente reseñadas, se trataba de un equipo en su grueso, titular. El hecho de que el Estadio Nacional contó en aquella noche con casi 60.000 espectadores, resalta el hecho de que Chile estaba frente a un equipo de primer nivel y no ante uno “Muleto”.

Mucho se especuló en la previa por un eventual enfrentamiento de quienes se decía, eran los mejores defensores centrales del mundo por aquel entonces: Elías Figueroa, genio y figura de Peñarol de Montevideo y Franz Beckenbauer, multicampeón con el Bayern Munich, pero lo cierto es que el “Dios de Beira Río”, no disputó aquel cotejo y se priorizó a jugadores del medio local, es así como la selección nacional alineó a Juan Olivares en el arco; Juan Rodríguez, Humberto Cruz, Raúl Angulo y Antonio Arias en defensa; Carlos Reinoso, Roberto Hodge y Alfonso Lara en mediocampo, para dejar en delantera a Pedro Araya, Adolfo Olivares y Alberto Foullioux.

El partido se produjo el 18 de Diciembre de 1968 en el Estadio Nacional y contó con el arbitraje del polémico Carlos Robles. A pesar de que los dirigidos por el mítico Helmut Schon, presionaron desde el arranque, la selección nacional no se apagó con el vendaval teutón y poco a poco comenzó a desplegar su mejor fútbol, sin embargo los europeos lograrían ponerse rápidamente en ventaja a través de Lothar Ulsab, quién batió a Olivares cuando el cronómetro recién marcaba 8 minutos de iniciado el cotejo, para peor, un entrevero entre Carlos Reinoso y Gunter Netzer a los 29 minutos, provocaría la expulsión de ambos y así Chile perdía a una de sus mejores armas ofensivas de cara al segundo tiempo.

A pesar de todo, la segunda fracción encontró a un Chile volcado sobre el arco alemán, encontrando así el empate a los 60 minutos a través del veloz puntero Pedro Araya y finalmente a los 81 minutos, Alberto Foullioux decretaba el triunfo definitivo de Chile por 2-1. Es así como en un duelo de dos equipos en rodaje, sería la selección nacional la que encontraría frutos más a su empeño y esfuerzo que a un despliegue muy fino de fútbol.

Los caminos a partir de ese momento de ambas selecciones serían completamente dispares, Chile, ahora reforzado por Elías Figueroa, Alberto Quintano, Ignacio Prieto y un joven Carlos Caszely terminó sucumbiendo en una ajustada definición ante Uruguay en el duro camino rumbo a México 1970 (y en donde los charrúas culminarían en el 4° lugar), mientras que los teutones llegarían a tierras aztecas sin mayores contratiempos y una vez ahí, en semifinales protagonizaría con la selección italiana el inolvidable “Partido del Siglo”.