El número 1 de Chile en singles, Nicolás Jarry, obtuvo el reciente fin de semana su tercer título del año y también de su carrera en la categoría Challenger, que lo catapultó como uno de los dominadores de este circuito a nivel latino, pero especialmente como uno de los mejores cien tenistas del planeta, quedando en el casillero 99 ATP a contar de este lunes. Posición de privilegio que costó, y mucho, obtener.

Luego de su lesión a la muñeca en 2015 y un largo periplo que incluyó recuperación y derrotas seguidas en su regreso al circuito ATP, se pensó que la promesa de Nicolás Jarry no avanzaría más que eso, una promesa de las tantas que han pasado a ocupar las primeras planas del medio deportivo nacional y que luego de un tiempo no lograban despegar hacia una consolidación en el profesionalismo. Pero una vuelta de tuerca fue clave en aquello. Y lo más importante; él fue el responsable de hacerlo.

Lo primero fue reenfocarse en el trabajo, más que en los resultados. Nico entendió que la mente es clave para alcanzar la máxima concentración y rendimiento en momentos puntuales dentro de un deporte tan psicológico como lo es el tenis. Respetar los trabajos de pre y post competencia, comer y dormir bien, y disfrutar del juego, fueron los principales cambios asumidos. Y comenzaron a verse algunos resultados, no como los descollantes que obtuvo entre 2014 y comienzos de 2015, donde había sido top 200 con facilidad luego de obtener clasificaciones a torneos Challenger e incluso ATP, pero sí los suficientes para entregarle la confianza de que su explosión sería cosa de tiempo. Una pequeña gira por torneos de green clay (arcilla verde) en Estados Unidos en 2016 y luego en futuros jugados en Rumania, fueron momentos interesantes donde Jarry logró ganar buenos partidos a ex top 100, viniendo desde la qualy, y llegar a instancias avanzadas. Sin embargo, salvo aquello, no ocurrió mucho más, y se pensaba que el ranking habría que dejarlo para más adelante. Jarry figuraba bajo el top 600, sin posibilidad alguna de volver en el corto plazo al circuito Challenger, hasta que le llegó la oportunidad esperaba: la gira de torneos futuros en Chile, firmados a última hora por la malograda dirigencia anterior de la Federación de Tenis nacional, para que fueran jugados en las últimas semanas del 2016.

Jarry apostó, y vaya que resultó. De los 4 torneos futuros jugados en el país, disputó 3 y los ganó todos. Su rendimiento fue superlativo, no solo en comparación a sus rivales, sino que también respecto a todo lo logrado en aquel año. Quedó a las puertas del top 300 para dar el vamos al año 2017. La meta era llegar al top 150 y volver a disputar las clasificaciones de los torneos Grand Slam, haciendo ajustes en su juego, tales como una mayor variación en sus golpes, mayor precisión en los mismos y también ajustes en su envidiable saque. Con una gran pretemporada realizada, comenzó jugando en la superficie donde más rinde su estilo de juego: la cancha rápida. De inmediato vinieron los resultados, haciendo finales en Morelos y luego semifinales en León, ambas ciudades mexicanas. Entremedio, su tercera final Challenger de su carrera y segunda del año en Santiago. Las derrotas fueron dolorosas, pero la convicción estaba intacta: en cualquier momento caería el primer título. Y esto terminó ocurriendo en Medellín, ciudad cuya altura fue cordial con su estilo de juego. La subida en el ranking no se hizo esperar: ya instalado en el top 200, y con muchas posibilidades de jugar todos los Challengers del circuito e incluso varios de ellos en condición de cabeza de serie.

Entremedio, estaba la apuesta de volver a los Majors…y también resultó. Jarry fue a París, a buscar su oportunidad en Roland Garros, y lo consiguió ganando con solidez sus tres partidos, cortando la racha de 7 años sin un compatriota en el cuadro principal de un Grand Slam. La ambición era repetir la hazaña en Wimbledon, el más hostil de los Majors para el tenis chileno, que nunca ha tenido una cancha de pasto. No importó…Jarry avanzó en la qualy y junto con Christian Garín, el otro compatriota en esta instancia, llevaron la bandera nacional a Londres.

El final de año fue notable. Salvo una gira asiática que no aportó más que experiencia, el nieto de Jaime Fillol volvió a adjudicarse dos nuevos títulos Challenger, en Quito el primero y ahora en Santiago, para terminar con 6 años sin tener un compatriota en la elite de los mejores 100 tenistas del mundo. Un año extraordinario, el mejor para el deportista de 22 años, que apunta a entrar al circuito ATP para el año próximo, y con un juego cada vez más peligroso para quien se le ponga al frente.

Dangelo Luna

Profesor de Historia formado en la PUCV y postgraduado en Educación mención Evaluación de Aprendizajes en la PUC, Con varios años dedicados a la educación, pero toda una vida consagrada al seguimiento del deporte, especialmente el tenis. En su tiempo libre. es amante de la música, de su familia y de sus sueños de ser cada día mejor.

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