Es probable que para las nuevas generaciones, Bulgaria no sea sinónimo de un gran equipo, sin embargo, hubo un pasado en el que ésta selección dio que hablar a nivel mundial, con jugadores de primer nivel y buenas actuaciones a nivel internacional, gran parte mérito de Gueorgui Asparuhov, un crack que deslumbró a todos pero que encontró un trágico final en su mejor momento.

“Gundi” nació el 4 de Mayo de 1943 en Sofía, Bulgaria. Desde muy joven se destacó como un potente delantero (amparado en sus 1.84 mts), debutando en 1959 y deslumbrando desde el primer minuto que pisó una fría cancha de su natal Bulgaria, realizó prácticamente toda su carrera en el Levski Sofía, con un pequeño intermedio en el Botev Plovdiv (1961-1963), logrando la friolera de 245 partidos jugados y 150 goles anotados, números que rápidamente tentaron a grandes equipos de Europa pero ante los cuales el potente centrodelantero no dudaba en, amablemente, negarles la posibilidad de contar con sus servicios.

Asparuhov es considerado como uno de los mejores jugadores de la década de los 60, quizás opacado por leyendas como Pelé, Eusebio, Bobby Charlton y Enrique Sívori. A lo largo de su carrera, disputó tres campeonatos mundiales (Chile 1962, Inglaterra 1966 y México 1970) en donde anotaría dos goles (ante Hungría en la derrota por 1-6 en 1962 y ante la misma escuadra en la derrota por 1-3 en 1966), conquistando la totalidad de 50 partidos disputados y 19 goles anotados.

Sin lugar a dudas estaba en el mejor momento de su carrera en 1967, cuando el AC Milan de Nereo Rocco arremetió con todo por su fichaje y la oferta millonaria más la posibilidad de asilo político, tentaban de sobremanera a “Gundi” y a los dirigentes del Levski, sin embargo, su respuesta fue tan lacónica como mítica, palabras simples que lo encumbraron al sitial de leyenda: “Hay un país llamado Bulgaria y, allí, un equipo llamado Levski. No habréis oído hablar de él, pero nací allí y moriré allí”.

Quizás una respuesta algo premonitoria o simplemente reflejo de su apasionado amor al equipo que lo vio nacer, lo cierto es que Asparuhov siguió jugando con gran suceso en la Primera División de Bulgaria, tenía 28 años y se perfilaba como titular en la selección búlgara que disputaría las eliminatorias rumbo a Alemania 1974, sin embargo, la noche de 30 de Junio de 1971, todo se vino abajo, ya que en un terrible accidente automovilístico en el que también estuvo involucrado su amigo y compañero de innumerables batallas Nikola Kotkov, el gran centrodelantero fallecería, al igual que su compañero, provocando gran pesar, no sólo en Bulgaria, en donde era considerado casi como un héroe nacional sino que además en los clubes europeos que soñaron con contar con sus goles.

Prueba de su legado es que a su funeral acudieron más de medio millón de personas y el Estadio de Levski, desde ese momento, llevaría su nombre, muestra de un amor que fue en todo momento correspondido y la gratitud de una ciudad hacia un héroe al que inmortalizó en su corazón.