El campeonato argentino es tierra fértil para grandes jugadores pero también un terreno hostil para otros que no pudieron desplegar su mejor versión en el país trasandino. Uno que supo dejar su huella grabada a fuego por aquellos lares fue Iván Mayo, un talentoso jugador que saltó del anonimato para convertirse en uno de los mejores foráneos que jugaron en dicho torneo.

Argentina ha sido el escenario de la consagración de talentosos futbolistas, Marcelo Salas (River Plate), Alexis Sánchez (River Plate), Waldo Ponce (Vélez Sarsfield), Sergio Livingstone (Racing de Avellaneda), Jaime Ramírez Banda (Racing de Avellaneda), Ascanio Cortés (River Plate), Gonzalo Espinoza (Arsenal de Sarandí y All Boys), Gary Medel (Boca Juniors), Nicolás Peric (Argentinos Juniors) y Paulo Díaz (San Lorenzo), entre otros, lograron, con mayor o menor impacto, hacerse un nombre en el siempre difícil y riguroso campeonato argentino, mientras que otros como Alejandro Escalona (River Plate), Rafael Olarra (Independiente de Avellaneda), Sebastián Rozental (Independiente de Avellaneda), Freddy Bahamondes (Boca Juniors) e incluso el histórico Eladio Rojas (River Plate) no pudieron hacer pie al otro lado de la cordillera.

Sin embargo, hubo un jugador que fue, por mucho, el primero en brillar en suelo argentino, ese es Iván Mayo, un crack como pocos en una época romántica del fútbol latinoamericano. Nuestro aludido en cuestión nace el 23 de Junio de 1910 en Quillota, hijo de un inmigrante español y madre argentina, se destacó rápidamente en diversos deportes como boxeo y baloncesto, además, por supuesto, en el fútbol, en donde su velocidad y físico espigado, le acuñó el mote de “Chincolito” (en referencia al Chincol, ave endémica de nuestro país).

Tuvo un inicio demoledor en San Luis de Quillota entre los años 1925 y 1931, siendo muy joven, se consolidó como la estrella de dicha escuadra, tras éstas campañas arriba a Colo Colo en 1931, en donde formaría una dupla realmente temible con el legendario Guillermo “Chato” Subiabre, tomando así el relevo en un puesto que trágicamente había dejado vacante David Arellano cuatro años atrás. Tras sus grandes campañas en el club albo, se marcharía a Argentina para firmar por Racing Club de Avellaneda, sin embargo, una oferta de último minuto, provocó un importante vuelco en la operación y el ágil delantero chileno terminaría firmaron por Vélez Sarsfield en 1933.

En el equipo de Liniers viviría quizás su mejor etapa como futbolista, jugando en un bravo campeonato argentino que vivía años dorados y que contaba con estrellas como Arsenio Erico, Juan Botasso, Herminio Masantonio, Vicente de la Mata y Alejandro Scopelli, era definitivamente el torneo más competitivo del orbe y quizás del mundo y “Chincolito” no destiñó en lo absoluto, ya que fue capitán de su equipo (uno de los primeros foráneos en ser capitán de un equipo argentino), disputando 108 partidos y anotando 46 goles, alternando en la posición de puntero o centrodelantero, además fue portada de la Revista El Gráfico en dos oportunidades y sostuvo una enconada (y sana por lo demás) rivalidad con el mítico artillero Herminio Masantonio, pero toda bella historia llega a su final y cuando vivía su mejor momento, una terrible entrada del defensor uruguayo de River Plate, Avelino Padilla, lo marcaría para siempre, tenía sólo 27 años y su carrera definitivamente no fue la misma a partir de ese entonces.

Tras alejarse de los primeros planos producto de su grave lesión, decidió regresar a Chile, en donde jugaría por Santiago Morning e Iberia, logrando con éstos últimos el ascenso a Primera División y retirándose en 1943, con tan sólo 33 años. Se retira de la vida pública y lleva una vida bastante modesta y austera, marcado con la melancolía y aquejado con diversas enfermedades y deudas por pagar, un evento a beneficio en 1963 permitió subsanar algunas de éstas problemáticas y cuando parecía que “Chincolito” una vez más emprendía el vuelo, un accidente de tránsito dejó en él graves secuelas que acarrearían su deceso el 22 de Mayo de 1979. En homenaje a su trayectoria, en Villa Alemana existe un equipo con su nombre, llamado “Club Deportivo Iván Mayo de Villa Alemana” y que incluso disputó la Segunda y Tercera División de nuestro país.

Fue por mucho, el jugador más talentoso que tuvo nuestro país en la década de 1920 y 1930, dúctil, goleador, veloz y con un peculiar estilo al momento de correr (con saltos), pero que, sin embargo, poco y nada pudo disputar con la selección nacional, ¿Razones? el poco interés de la dirigencia de nuestro fútbol por contar con jugadores que estuviesen en el extranjero y a pesar de su gran momento en Vélez, no disputó el Campeonato Sudamericano de 1935, en donde nuestra selección culminaría en la última posición y su gran rival en Argentina, Herminio Masantonio, como goleador del certamen con 4 tantos. Éstas y muchas más fueron las tristes paradojas de un chincol que vio como el destino entumecía sus alas para no poder volar nunca más.