El ánimo de las personas que sin importar que tanto recorrieron hasta llegar a la zona del desastre, llevando solo sus manos para crear cadenas humanas o cargadas de alimento, como la pareja de la tercer edad que en el camino compró un bote entero de tamales y atole, para repartirlo en la colonia Roma, o los taqueros que fueron a poner su “trompo” de tacos al pastor en la misma sección de la ciudad, fueron postales que se quedarán en la memoria de los capitalinos y de todos los mexicanos, que mostraron el mismo fervor de ayuda para los damnificados.

Una réplica del sismo de hace 12 días, pensé. Mi cuarto (el último de construirse de mi casa) ya sentía el movimiento debido a no haber sido una estructura original de la obra: el foco encendido a mediodía se empezaba a mover y el mueble que cubre toda la pared de enfrente, era causante que el agua de la pecera de 120 litros comenzara a formar un oleaje nunca visto… El momento en el que reaccioné fue cuando la litera en donde estaba acostado inició a tambalearse con el sonido de todos los objetos junto a ella. ¡Está temblando! Y más fuerte que nunca…

A pesar de la experiencia de apenas semana y media atrás, donde toda la familia nos reunimos en la sala después de cenar, a ver la televisión y como el motociclista de Noticieros Televisa reportaba que no había daños significativos en la capital, para esta ocasión lamentablemente no corrimos con la misma suerte.

Salí de mi cuarto y solo alcancé a tomar a Ramona, una de mis perras, y al frenarme en la sala, me di cuenta que aquel ruido incómodo persistía, pero se incrementaba, gracias a la mesa que es de vidrio y que se movía sobre sus bases de piedras, al igual que la mayoría de la colección de tazas de mi abuela, que con la fricción se acercaban a la orilla de su base y de durar más el movimiento, las pérdidas materiales… Y sentimentales, podrían ser recuerdo de este día que a ningún “chilango”, se los aseguro, se nos olvidará.

Curioso detenerse en este momento y pensar que apenas hace dos horas, como cada año en esta fecha desde 1985, se realizó el mega-simulacro en todo el país, debido al homenaje que se celebra por las víctimas del terremoto del 19 de septiembre que penosamente sufrió la Ciudad de México… Ahora, con la ironía de la naturaleza, el destino de nosotros a quienes solo por las anécdotas que nos habían contado personas mayores sobre aquel fatídico día, pues la gente de tres décadas aún no había nacido, nos ha tocado vivir en carne propia… El mismo día.

La puerta de la entrada estaba cerrada y el desastre natural no terminaba. Brinqué por la ventana hacia el garaje para encontrarme con mis otros 2 amigos caninos y entre los cuatro, tratar de mantenernos unidos y calmarlos, pues estábamos junto a mi auto, que a pesar de tener el “freno de mano”, se movía en el reducido espacio que nos mantenía seguros. Se acabó de mover la tierra, con una sonrisa hacia mí mismo, pensé, “bueno… ya se acabó”, pero no, era apenas el comienzo.

Sabíamos o se pronosticaba que algún sismo de una magnitud importante se iba a volver a dar en estos días. Que sería una réplica del de 8.2 sufrido en las costas de Chiapas -donde regularmente ocurren los epicentros-, pero al prender la tv, la información era otra: temblor de 7.1° en la zona fronteriza entre los estados de Puebla y Morelos. Debido precisamente a este factor, la cercanía con la metrópoli, fue que el sismo causó mayor daño que el de mayor intensidad, pero a algunos cientos de kilómetros más lejano, como también fue el causante de que la alerta sísmica no se encendiera a tiempo, pues no hubo tiempo de alertar a la población.

Las primeras llamadas y los mensajes por whatsapp se empezaron a apoderar de la tarde y de lo que sería la tónica para todos los días siguientes, hasta la actualidad. La falta de cultura sísmica, a pesar de ser un país que se encuentra dentro del área del “cinturón de fuego”, inundó el primer sentimiento de la gente; miedo.

La primera noticia en el noticiero que cubría ya todos los canales de televisión abierta, sobre un edificio derrumbado, hizo realmente “abrir los ojos” sobre lo que acaba de pasar. Que no fue un temblor como el de inicios de mes para la capital o como el que la mayoría de ocasiones suceden. Es algo serio…

Pero a diferencia del ’85, la existencia del Internet, la tecnología aplicada en redes sociales, alertó y con el tiempo, coordinó de mejor manera los esfuerzos: desde los primeros videos que se hicieron virales así como la ayuda ciudadana que inundó las calles para levantar escombros y comprar víveres, hasta las publicaciones que inundaron Facebook pidiendo conocimiento sobre centros de acopio o Twitter que informaba que objetos les hacía falta a los “topos” para rescatar a la gente debajo de los edificios y la ya histórica escuela “Enrique Rebsámen”.

En lo personal, se escuchaba mucho de que hace 32 años la gente se apoderó de la situación y fueron ellos mismos quienes coordinaron al gobierno en las acciones de rescate. Algunas cosas el tiempo no las cambia y aunque en la mayoría de ocasiones se hace énfasis en lo negativo, ahora se tomó el ejemplo hacia lo positivo. Los jóvenes, aquellos “millennials” tan criticados a nivel nacional, por sus despreocupaciones y su nueva forma de vida y costumbres, fueron al final quienes ocuparon de nueva cuenta el antiguo Distrito Federal. Se escuchó en estos días “los chavos han salido a tomar las calles y esperemos que no las vuelvan a dejar”.

Historias que no se olvidarán y con el tiempo seguramente se irá sabiendo más o simplemente se homenajeará, como aquella noche en donde nadie en el país durmió, esperando sacar de entre las piedras y concreto a la pequeña Frida Sofía, con quien se decía que se había tenido contacto, que aseguraba estar frente a un grupo de niños como ella, esperando a volver a ver la luz, pero que finalmente fue falso, una mentira que inventaron y que causó revuelo en todo el mundo y debido a ello, tuvo que salir la Secretaría de Marina a pedir disculpas. Misma Marina que haría como máxima héroe en esta tragedia a una de sus integrantes, a la verdadera Frida, su perra de raza labrador, que al igual que otros de su especie, ayudó a rescatar aun número de personas importantes y hasta a algunas mascotas.

Pero el siniestro no quedo entre los poco más de 20 millones de habitantes de la CDMX, sino en los estados antes mencionados. Pueblos de Morelos y Puebla se vieron completamente afectados. Al par de días, voluntarios empezaron a salir hacia estas comunidades con ayuda y con el anuncio de funcionarios y organizaciones que ya había encontrado solución a reconstruir todas las viviendas, al darle un autoempleo y volver a levantar toda esta zona del país.

El ánimo de las personas que sin importar que tanto recorrieron hasta llegar a la zona del desastre, llevando solo sus manos para crear cadenas humanas o cargadas de alimento, como la pareja de la tercer edad que en el camino compró un bote entero de tamales y atole, para repartirlo en la colonia Roma, o los taqueros que fueron a poner su “trompo” de tacos al pastor en la misma sección de la ciudad, fueron postales que se quedarán en la memoria de los capitalinos y de todos los mexicanos, que mostraron el mismo fervor de ayuda para los damnificados. Artistas, atletas, futbolistas, gente común y corriente se mezcló dejando de lado profesión, nivel socio-económico, gustos que normalmente dividen, ahora sirvieron para unirse y apoyar a un desconocido, pero que sin una palabra de por medio, se abrazaban como si se conocieran de toda la vida.

Es triste pensar que deben de pasar cosas como estas para poder pensar en el regreso de una humanidad, pero debe sin duda alguna de servir, para tener presente hasta donde podemos llegar como sociedad, a pesar de lo que contaminada que se cree que está. Estamos viviendo el momento, nos estamos dando cuenta que no estamos “tan mal” como se creía, como pensaban, como la gente quiere hacerlo ver. De mantenernos con todas estas muestras como lo ha mostrado toda la gente, que sin la necesidad de maquinaria ha levantado muros de edificios completos, si esa misma energía se canaliza para volver a ponerle rumbo a este país, podríamos estar en donde quisiéramos estar. Por ello, siempre ante los malos momentos, debemos de darnos cuenta de lo bueno, del aprendizaje y de lo que podemos sacar para futuras experiencias. Esto ha demostrado ser México, un país siempre solidario y agradecido de todos los foráneos que llegaron para ayudar (rescatistas de Chile, Japón, Ecuador, Israel, Francia, Panamá, etc.), que a pesar de lo que gobiernos lo han aprovechado y cuántas veces hemos escuchado a un “pueblo agachado”, es el tiempo de ver que hemos despertado, que ya vimos el potencial que se tiene y a pesar de la falta de conocimiento sobre este tema, se logró unir a la gente sin un aviso, sin ponerse de acuerdo ni por interés propio, salvo por ayudar al prójimo.

Para finalizar, ha pasado ya una semana y quiero agradecer al portal, colaboradores y lectores de SolamenteFutbol.cl, pues como su corresponsal desde México, siempre se mostraron atentos y preocupados por lo que del otro lado del continente estaba sucediendo. Reitero mi admiración por mis compañeros, mi compromiso por formar parte de este medio y por seguir informando a toda nuestra gente de lo que pasa con los chilenos en la Liga MX, pues hemos tenido la fuerza, así como el pueblo chileno lo hizo en 2010, de saber que, si nos tiran, nos volvemos a levantar ¡Y con más fuerza!

Adrián Caloca

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