Silencio para un Mundial

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Cuando la dictadura cívico – militar chilena aún no terminaba de acomodarse en el poder, Pinochet vio en el fútbol un buen escenario para limpiar la sucia imagen que en pocos días los golpistas habían proyectado a nivel internacional. La clasificación para el Mundial de Alemania 1974, en repechaje frente a la Unión Soviética, parecía la mejor fórmula para volver todo “a la calma”.




La clasificación de Chile al Mundial de Fútbol de 1974 fue extraña desde su génesis. En aquellos años el sistema de clasificación era distinto al que existe actualmente, se formaban grupos y no se competía en la modalidad de todos contra todos. “La Roja” compartía grupo con Venezuela y Perú, pero la “vinotinto” decidió no participar de la competencia, resumiendo todo a una llave de ida y  vuelta entre chilenos y peruanos. Ambos equipos lograron vencer en sus partidos como local por igual marcador (victorias por 2 a 0), lo que generó un tercer partido de desempate disputado en Montevideo. Ahí Chile, el equipo conformado principalmente por la columna vertebral de Colo – Colo y dirigidos por su mismo entrenador, Luis Álamos, se impuso por 2 a 1.

El repechaje para obtener un cupo al Mundial se tendría que definir ante la URSS que venía de eliminar a Francia. Inmediatamente el partido empezó a disputarse en la arena política, pues durante el gobierno de Salvador Allende (de corte socialista), se mantuvo estrechas relaciones con el país soviético. La dictadura – cívico militar encabezada por Augusto Pinochet se ubicaba ideológicamente al otro lado de la “cortina de hierro”, por tanto la URSS rompió relaciones diplomáticas con Chile una vez concretado el golpe, inclusive ordenando a su personal diplomático abandonar el país y el cierre de la embajada chilena en Moscú.

Tras un empate sin goles en la actual Rusia, con un excelente trabajo defensivo del equipo del “Zorro” Álamos, la llave quedaba abierta para definirse en suelo nacional. Siempre el recinto deportivo por excelencia para albergar los duelos de fútbol es el Estadio Nacional, pero por aquella época, el coliseo no se relacionaba mucho con el deporte. Convertido en campo de concentración para detenidos políticos (muerte y torturas incluidas), se estima que más de 40.000 personas estuvieron recluidas en el Nacional, por lo cual la cúpula dirigencial de la Asociación Central de Fútbol, encabezada por Francisco Fluxá, decidió sugerir el traslado del encuentro a otro recinto. La petición fue rechazada, se jugaba en el Estadio Nacional o no se jugaba.

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Tras esta determinación, se esperaba la respuesta de la URSS, donde dos días antes del 21 de noviembre, fecha en que se disputaría el partido, los soviéticos avisarían que no vendrían, aduciendo a razones políticas y de seguridad. La FIFA no suspende el partido, por lo cual Chile tendría que “salir a jugar” el segundo encuentro del repechaje. Ante la ausencia de rival, el seleccionado nacional tuvo que anotar un gol sin rival y así dar por cerrado el partido. Como público asistieron cerca de 15.000 personas, mucho menos de la capacidad que por ese entonces tenía el recinto (80.000 aproximadamente). Cuatro jugadores se acercaron al “arco rival”, en donde el capitán Francisco Valdés, concretó el gol. Tras el “show”, se disputó un amistoso contra el Santos de Brasil, que le propinó una derrota de 0 a 5 a “La Roja”. No hubo celebración, los ánimos no estaban para festejos.

Finalmente el 5 de enero de 1974 la FIFA aprobó en forma definitiva la participación de Chile en el Mundial de Fútbol de Alemania 1974, una clasificación que valió el silencio de un estadio, de un país y de la misma entidad superior del fútbol mundial. De aquí en más la forma de desarrollar y afrontar el deporte por parte de la dictadura cívico – militar, no sería al azar.



Licenciado de Sociología, 24 años, Osornino. Apasionado desde siempre por el deporte rey gracias a mi abuelo. Hincha de Cobreloa. Bielsista.