Hoy en día, el fútbol no da pie a la participación de jugadores con algún limitante o problema físico, y si en algún minuto jugaron, incluso Mundiales, futbolistas con problemas de visión o con extremidades amputadas, hoy parecería quimérico ver en cancha a un jugador con dichas características, sin embargo, en tiempos remotos hubo un portero que supo hacerse un nombre y dejar constancia de su lucha en un medio hostil, ésta es la historia de Winston Coe, un arquero sin límites.

Corría el año 1906, es difícil no retrotraerse a dicha época sin imaginarlo todo con un filtro sepia, tiempos remotos y románticos para el fútbol a nivel sudamericano, en donde, salvo en Uruguay, Argentina y en menor medida en Chile y Brasil, su práctica se limitaba netamente a recintos portuarios en donde marinos ingleses traían a nuestras tierras, más de 40 años de tradición deportiva. Es así como en Argentina dominaban dos equipos el panorama amateur: Barracas Athletic y Club Alumni, los dos pioneros del fútbol trasandino y quizás a nivel sudamericano.

El portero titular de Barracas, Laforia, fue vendido al Club Alumni y el equipo quedó sin portero, con aire resuelto y desenfadado, emerge el sereno semblante de Winston Coe (hijo de inmigrantes irlandeses, de hecho su padre, el Almirante Coe era considerado un héroe de la Independencia de Argentina y había luchado junto a Guillermo Brown) para espetar una frase que lo haría saltar a la inmortalidad: “No tengo problemas en darles una mano, ¿Las dos? bueno, ya saben que no puedo”, el pintoresco portero (que además había sido uno de los fundadores del equipo) carecía de su brazo izquierdo y su propuesta parecía una verdadera locura, un disparate que fue aceptado en virtud de las circunstancias.

El portero jugaría tres partidos, los tres culminarían con derrotas que, de no ser por la brillante y sorprenden actuación de Coe, habrían sido más catastróficas: 1-2 ante Estudiantes de Buenos Aires, 0-11 ante el Reformer y 0-5 ante Alumni. La prensa alabó la actuación del improvisado arquero, pero más aún, su valentía de asumir un desafío ante el que, claramente, se encontraba en una situación de completa desventaja y que supo solventar con dignidad y vergüenza deportiva. A partir de ese momento, su nombre desaparece misteriosamente de los anales de la historia futbolística de Argentina, quizás así lo deseó, tal como en aquella fría mañana propuso, desde el anonimato y el silencio, una loca idea de como cubrir un puesto trascendental en el fútbol.

Diversos clubes han intentado dignificar la figura de éste singular portero, pero la falta de antecedentes y material histórico con respecto a Coe, impide ahondar aún más en su vida tras aquellas lejanas y gloriosas jornadas, en donde le demostró al fútbol, que la palabra imposible es más quimérica e ilusoria que aquellas esperanzas del propio cancerbero.  Hace unos años atrás, una tataranieta suya fue entrevistada y se pudieron corroborar algunos datos de su vida, sin embargo, incluso para ella, Coe significaba casi un mito, desconociéndose incluso la fecha de su muerte o el quehacer de su vida tras el fútbol, puede que sea para mejor, éstos pequeños detalles sólo mitifican aún más la figura de Coe, entregándose a la historia y la inmortalidad.