A dos años de la gloria Sudamericana

Alfonso Zúñiga

El primer título internacional en la historia de Universidad de Chile, ante más de 50 mil almas en el Estadio Nacional frente a la copera Liga Deportiva Universitaria de Quito, todavía se lleva en el corazón de quienes siguieron la invicta campaña de la banda de Jorge Sampaoli.

El primer título internacional en la historia de Universidad de Chile, ante más de 50 mil almas en el Estadio Nacional frente a la copera Liga Deportiva Universitaria de Quito, todavía se lleva en el corazón de quienes siguieron la invicta campaña de la banda de Jorge Sampaoli.

Si existe algún club chileno con el que la historia siempre ha estado en deuda, ese tiene nombre y apellido: Universidad de Chile.

El segundo cuadro más popular del país (según encuestas varias y sentir público) fue siempre un club que para conseguir sus cosas, principalmente desde la segunda mitad del siglo XX, apeló al sufrimiento, a la épica de la gloria en el minuto final, es decir, “si no se sufre, no se vale”.

Fue así como el elenco azul consiguió, luego de “eternos” 25 años de abstinencia victoriosa, donde se incluyó un dramático descenso y una vuelta gloriosa, dos bicampeonatos, una corona en Calama y otra en Santa Laura, todas con la característica descrita anteriormente.

Sin embargo, antes de todo esto, hubo una época pasada donde el “Romántico Viajero” encandilaba a los fanáticos del fútbol con un juego lucido, técnicamente perfecto y ofensivamente efectivo, aquella que los más viejos describieron como el “Ballet Azul”, y que las nuevas generaciones pensaron que jamás verían en una cancha, salvo en los recortes de añosos diarios o en la Biblioteca Nacional.

Esos jóvenes que en sus vidas supieron de la existencia de Manuel Astorga, Luis Eyzaguirre, Braulio Mosso, Carlos Contreras, Sergio Navarro, Pedro Araya, Rubén Marcos, Carlos Campos y Leonel Sánchez, tuvieron el privilegio de ver lo más cercano a una reencarnación.

De la mano de un humilde casildense llamado Jorge Sampaoli, y apelando al amateurismo, el amor a la camiseta y a disfrutar el fútbol, junto a un grupo de deportistas sedientos de gloria y los guió por un camino que lo llevó por Concepción, Montevideo, Río de Janeiro, Buenos Aires y Quito, dejando huellas y comentarios en todos los rincones de Sudamérica.

El camino comenzó con un dramático empate 2-2 en Collao ante Deportes Concepción, en lo que se llamó la fase nacional previa al evento, que terminó con el pase azul al certamen tras los tantos de Gustavo Canales y Diego Rivarola.

Ya en competencia, el desconocido Fénix uruguayo fue su primer escollo, y el solitario gol de Eduardo Vargas, sumado a la igualdad sin goles en Montevideo, le dieron la llegada a la segunda ronda, donde otro cuadro oriental, de mayor pergamino e historia como Nacional, también sucumbió ante el poder ofensivo de Sampaoli.

Otra vez Vargas en Ñuñoa mandó todo al duelo de vuelta en el Gran Parque Central, donde Matías Rodríguez y el oriundo de Renca, agotaron la paciencia de los “bolsilludos”, quienes desataron su ira contra el árbitro paraguayo Milciades Saldívar, suspendiendo lo que parecía una masacre mayor.

Pero el mejor espectáculo estaba por venir, y fue en la cuna del fútbol carioca como Río de Janeiro, donde se pudo apreciar la mejor exhibición futbolística de un equipo chileno, en su historia, frente al poderoso Flamengo. Un categórico 4-0 en Brasil (Rojas, Vargas por dos y Lorenzetti), más un zurdazo de Marcelo Díaz, hicieron creer que este equipo podía hacer historia.

Hasta acá el camino iba perfecto para los laicos, ya que no habían recibido goles y llevaban anotados 9 conquistas; mas apareció un siempre difícil conjunto argentino como Arsenal de Sarandí y las dudas emergieron en los hinchas y seguidores del fútbol presentado por el casildense.

Pero sólo fue un espejismo, una estrecha victoria en Buenos Aires por 2-1 (Vargas y Canales) y la goleada por 3-0 en Santiago (Vargas, Castro y Canales), volvió a enrielar el tren chileno que parecía destinado a la gloria, aunque otro brasileño se cruzaría en el camino.

Otra vez Río de Janeiro sería la ciudad destinada para jugar semifinales, y por primera vez comenzaba perdiendo un partido, esta vez ante Vasco Da Gama, aunque apareció un cabezazo englobado de Osvaldo González para emparejar las cifras y enviar todo a la definición, que también por vez única tendría un escenario distinto al Estadio Nacional.

El infierno de Santa Laura recibió el sueño sudamericano de los azules, que gracias a sus émbolos ofensivos Canales y Vargas conseguirían la categórica victoria y el paso a su primera final histórica en torneos de Conmebol, ya que antes sólo había llegado a semifinales de Libertadores en 1970, 1996 y 2010.

Para peor suerte azul, el rival sería un experimentado en estas lídes, el último campeón del certamen como la Liga Deportiva Universitaria de Quito, que sólo le faltó conquistar el Mundial de Clubes para transformarse en lo que es hoy, el más ganador en la historia del fútbol ecuatoriano.

La “Casa Blanca” de la capital ecuatoriana sería el escenario del primer duelo, que no fue la mejor muestra futbolística de Sampaoli y sus muchachos, pero será recordado por el seguimiento total que Albert Acevedo hizo sobre la figura local, Ezequiel González, y por el pase preciso de Marcelo Díaz, para que Eduardo Vargas acercase el camino a la primera consagración internacional, que además lo tendría como protagonista.

14 de diciembre de 2011 en el Estadio Nacional fue la fecha y lugar señalados, con 47 mil hinchas presentes a las 21.15 horas, el juez brasileño Wilson Seneme daría inicio al paso más importante dado por este histórico cuadro nacional.

Qué la mufa del Estadio Nacional, qué las finales perdidas en Ñuñoa, y varias cosas más que aparecieron apenas se supo de este hecho, se fueron a cada segundo al tacho de la basura, cuando Edú Vargas y Gustavo Lorenzetti le dieron vida a lo que se transformaría en la alegría más grande en la historia de Universidad de Chile: campeones de Copa Sudamericana.

Los fríos números dirán que los “Sampaoli Boys” jugaron 12 partidos, ganando 10 y empatando 2, transformándose en el primer equipo sudamericano en ganar un trofeo de manera invicta, que anotaron 21 goles, 11 de ellos del goleador histórico del certamen, Eduardo Vargas, y sólo recibieron dos dianas en contra; mas en la memoria colectiva de quienes llevan al “chuncho” en el corazón, quedará una campaña que le devolvió la dignidad al fútbol chileno y demostró que la fórmula para el éxito estaba en exigir el máximo a los jugadores para conseguir el objetivo… ¿O no recuerdan cómo fue que llegamos a Brasil 2014? Historia parecida, protagonistas distintos pero con objetivos similares cumplidos. ¿Será posible? Al menos en la U quedó demostrado que sí.

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