Cambia lo superficial, cambia también lo profundo

Rodrigo Múñoz

Hace rato que Católica está de vacaciones. Desde Agosto, para ser más precisos. Tiempo más que suficiente para descansar, levantar la cabeza y ver cómo se puede remontar una situación deportiva que es insostenible y una realidad institucional que es deprimente. Algunos se ampararán en la “ética de la responsabilidad” para explicar que no se puede gastar más de lo que no se tiene, y en ese sentido, podríamos hasta reconocer que el club está con sus arcas sin deudas mayores. Pero si aplicamos la ética desde el “saber vivir” (concepto vertido por Fernando Savater en “Ética para Amador”), Católica no ha sabido vivir, y es más; Ha dilapidado su capital histórico, su “cuenta de ahorro”. Y el margen ahora es mucho menor. Ya no se puede fallar.

Durante esta semana, se anunció la salida de Luis Felipe Gazitúa desde el directorio de la Fundación Club Deportivo Universidad Católica, así como también su salida del directorio de la concesionaria que regenta al club cruzado. Este cambio era tal vez el que muchos esperaban para comenzar a implementar los cambios que se necesitan para que Católica esté con un ropaje deportivo e institucional acorde a las exigencias del siglo XXI. Pero cuidado: Que este impulso transformador no sólo quede en buenas intenciones, porque la salida a la Bolsa el año 2009, hizo abrigar muchas esperanzas respecto de un futuro esplendoroso para el club, donde los éxitos deportivos serían el corolario de una exitosa gestión. Como se ha visto, nada de ello ocurrió, y afloran las dudas respecto de cómo se diseñó el proceso, qué participación tuvieron los hinchas, cómo compatibilizar los resultados deportivos con lo económico, dado que en el modelo de SADP, no sólo basta ser competitivo en la cancha, sino también fuera de ella, ya que el club que adopte el modelo, pasa a ser una unidad de negocio, que mientras más éxito tenga, más rentable es. Sólo para reflejar esta afirmación, comparemos el valor de la acción en los tres clubes grandes de la Capital y su fluctuación en los tres últimos años. Eso dice mucho.

Los cambios son válidos cuando no son solo espíritu, sino también acción. Muchos hinchas, por largo tiempo, han compartido sus análisis y visiones respecto de lo que el club necesita para alcanzar un vigor y crecimiento institucional, que se consolide a mediano plazo en la cancha y en los esquivos triunfos deportivos. El reciente título de nuestro archirival solo refuerza la teoría ya mencionada en este espacio: La mejor fidelización es el éxito deportivo. No hay otra manera. La grandeza no está en duda, porque el hincha estuvo, fue al estadio, y aguantó y soportó humillaciones, no sólo ahora, sino durante tres años (¿ya no olvidamos que Unión Española nos hizo 6 goles en un tiempo?), y esperamos como la revelación de Fátima la llegada de una solución definitiva que jamás llegó. Como cantó la gran Violeta, los cambios apuntan a lo superficial, pero también deben apuntar a lo profundo. Nosotros mismos cambiamos también, pero como escribió Eduardo Sacheri, en “El Secreto de sus ojos”, Un hombre no puede cambiar de pasión. Y el hincha que ama los colores de Católica lo sabe. Espera, sueña y confía. Anhela, desea. Lleva en el alma el deseo de triunfar.

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