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Los futbolistas de la Selección Chilena, adiestrada por el colombiano Reinaldo Rueda, acordaron no disputar el amistoso ante Perú del próximo 19 de noviembre en Lima.

Los jugadores convocados a La Roja para afrontar el duelo ante los incaicos, válido por la fecha FIFA de noviembre, este miércoles dieron una señal de apoyo a las movilizaciones que se han tomado el país hace prácticamente casi un mes. Un hecho que fue valorado en pos de la lucha social que existe en las calles en búsqueda de una mejor calidad de vida para la población.

Sin embargo, el gesto de los seleccionados del equipo de Reinaldo Rueda dejó bastante que desear. Lo que arrojó la reunión entre los jugadores de la Selección fue un apoyo a una expresión de lucha sin mostrar ninguna acción real de compromiso. Es fácil que la Federación pague los pasajes para trabajar de cara a un amistoso y decir posteriormente a eso, yo no juego para no ocultar lo que se vive en Chile y acto seguido regresar a sus equipos en Europa.

Es sumamente sencillo decir que empatizan con las demandas sociales y que repudian la violencia utilizando redes como Twitter, Facebook e Instagram. Es una acción cómoda restarse de jugar un partido y comunicarlo por una vía informal sin poner en riesgo sus privilegios. Lo que se espera ante una determinación tan potente como la que se hizo es compromiso con la causa. Se espera una explicación razonable para no ponerse a disposición de jugar un partido en el extranjero y que supone un potencial beneficio para el propio balompié nacional.

Nada de eso se vio tras esta decisión aplaudida por muchos. Los Seleccionados pudieron negarse a disputar el encuentro ante Perú pero en vez de abandonar la concentración para retomar su vida en el extranjero pudieron coordinar una actividad donde ejerzan ese respaldo a la movilización ciudadana. Eso hubiese sido una señal de apoyo real a lo que se vive en el país. Lamentablemente lo que pasó solo fue un hecho netamente mediático con nula implicación en el discurso que se ha construido.

En pocas palabras, viajaron costeados por la Federación para rebelarse a disputar un partido sin tomar una acción consistente con el motivo que los llevó a esto. Si la idea era no jugar en Lima y replicar lo que se ha visto, bastaba con decidirlo hace unas semanas atrás cuando surgió el tema. No obstante, no hubo coraje de los grandes referentes de La Roja, porque si la ANFP no cedía podían dar esa misma pelea y no viajar. De esa manera, el reclamo que hoy se hace para no jugar hubiese tenido más consistencia.

Lamentablemente, se tomó otro camino donde los únicos perjudicados no son los poderosos, son aquellos que podían beneficiarse con esos recursos en pos del progreso de la Selección en sus distintas categorías. Hoy, no es tiempo de aplaudir a nadie, porque se perdieron una tremenda oportunidad de efectivamente empatizar con la causa que tiene a Chile hace casi un mes en un estado de lucha por una mejor vida.