El receso

Rodrigo Múñoz

Referirse a lo ocurrido en Playa Ancha el Sábado con una nueva derrota de Católica, es reiterar el ejercicio ya casi en modo de letanía, de hacer diagnósticos, proponer nombres nuevos para el banco, pensar en los 3 jugadores que podrían llegar y putear a la dirigencia por el triste y anormal panorama de mirar la tabla desde abajo, con varios cuerpos de diferencia, poniéndonos incluso en el caso de pensar en el promedio para no descender, en caso que la tendencia espantosa de nuestro presente se mantenga.

Ese acto de autoflagelación es común en las redes sociales luego de cualquier derrota de Católica. Y es como chocar contra la pared. Circulan los mismos nombres, y persisten también los silencios y las explicaciones. La misma falta de aire nos hace pensar en técnicos retirados o en jugadores que ya “vienen de vuelta”, pero que justo en Católica podrían revertir su fecha de vencimiento y ofrecer un segundo aire que nos brinde algo más esplenderoso que la miseria que estamos padeciendo.

El campeonato lo pelean otros, y estamos fuera de cualquier opción al título desde Septiembre. Es decir, estamos “en receso” desde hace 2 meses. Especulando. Pensando a futuro. Proyectando. Partiendo por Falcioni, quien solicita su revancha, amparado en el contrato que lo liga al club hasta el 2015. No es culpa de él que desee hacer respetar los acuerdos contraídos mediante un documento que es totalmente legal y que formaliza su relación contractual con Universidad Católica. Sin embargo, hay cosas que exceden lo contractual, sobre todo en el fútbol, y una de ellas es el rendimiento y la propuesta. En ambos aspectos, Católica no ha mostrado nada. NADA Y da la impresión que nadie le importara mucho, salvo a los hinchas, que deben soportar estoicos el triste espectáculo que se “brinda” cada semana.

Ya no toca hacer diagnósticos, dado que el campeonato entra en receso, debido a los amistosos de la selección. Para algunos, esto bien puede representar un descanso para lo que se ha sufrido durante este semestre. La humillación no tiene que ver con perder, porque es un resultado posible dentro del juego. Tiene que ver con la actitud, con lo que se muestra como amor propio, el orgullo de defender una camiseta cuya historia tiene triunfos épicos, jugadores simbólicos, una historia de la cual nadie se avergonzará jamás, no así de algunos futbolistas que hoy la usan sin ningún respeto, ni por la gente, ni por la historia, y si lo ponemos en términos prácticos, ni siquera con un poco de compromiso con quien cancela sus sueldos a fin de mes.

Este receso vendrá bien para descansar, para tomar fuerzas, para soñar con una mejor Católica. Suficiente hemos tenido para lamentarnos, porque las derrotas duelen, y aunque nuestro presente sea triste y vergonzoso, nunca abandonaremos esta franja que hemos dibujado en nuestro pecho para siempre. Porque llevamos en el alma el deseo de triunfar.

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