Felicidad en blanco…y negro

Michel Cazenave

Cuatro años han pasado desde el último campeonato ganado por Colo Colo, que tuvo lugar el segundo semestre del 2009 y bajo el mandato técnico del argentino Hugo Tocalli.

88 años, 29 títulos nacionales, 10 copas Chile y 3 títulos internacionales. Todo eso y más se recuerda al hablar de Colo Colo. Sin embargo, su situación actual dista mucho de eso. Los problemas y la destrucción de su rol social son los temas del momento y las teorías apocalípticas comienzan a aparecer en un horizonte más negro que blanco.

Cuatro años han pasado desde el último campeonato ganado por Colo Colo, que tuvo lugar el segundo semestre del 2009 y bajo el mandato técnico del argentino Hugo Tocalli. Luego vendría una lluvia de fracasos con algunos momentos de repunte. Desde ese momento se han sucedido ocho cuerpos técnicos y decenas de jugadores nacionales y extranjeros, pero el resultado se sigue agravando.

Para ejemplificar la crisis deportiva actual y que se viene arrastrando desde hace varios años, Colo Colo, en la presente temporada y disputando tres torneos (Campeonato Nacional, Copa Chile y Copa Sudamericana), acumula 11 victorias, tres empates y 11 derrotas, lo que equivale a un rendimiento del 48%. El equipo está eliminado de la Copa Sudamericana, la Copa Chile y sin opciones de alcanzar el título en el Campeonato Nacional. O sea, muy por debajo de lo que se espera de un club que a lo largo de su historia siempre ha estado en los primeros lugares.

Pero esta debacle no tiene que ver sólo con lo deportivo. Desde muchas aristas se ha intentado explicar el fenómeno que ocurre con Colo Colo. El año pasado, Dante Faúndez y Richard Sandoval, dos periodistas preocupados por la situación del club, lanzaron su libro “Colo Colo ya no es de Chile”, que critica la llegada de las sociedades anónimas deportivas a Chile y que impusieron el modelo neoliberal de organización. En el caso de Colo Colo, ésta corresponde a la concesionaria Blanco & Negro S.A., que se encarga de la administración del club desde 2005 a través de un contrato de 30 años de duración. A través de distintas entrevistas a personajes involucrados social o deportivamente con el equipo, el libro intenta ser, como dice en su presentación, “una invitación a entender la profundidad de las razones que generaron la ruptura entre el hincha-socio y el hincha-cliente, realidades opuestas, separadas por un muro que se visibiliza con fuerza, justo cuando Colo Colo atraviesa por su peor año deportivo en diez años, sin participación en torneos internacionales y con una potente incompatibilidad entre administradores e hinchas”.

Richard Sandoval va más lejos y señala que en el libro plantean que a Colo Colo “casi lo mataron cuando se hizo el contrato de concesión. Es difícil, porque este contrato es por 30 años, no es revocable y se puede renovar automáticamente. Es decir, si no hay una oposición fuerte de aquí a 25 años, ¿seguirá existiendo una fuerza popular que defienda el club? Los hinchas de hoy tienen 40, 50 años. No sé si las nuevas generaciones estén tan comprometidas con la defensa de un club popular”.

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Año 2006, sábado 23 de diciembre. El escenario de la obra deportiva es el Estadio Nacional, son las ocho de la noche y cerca de 60.000 personas en sus asientos son el público que presencia una de las últimas funciones de Colo Colo siendo campeón. Minuto 88 de partido y ya el bicampeonato para el equipo albo es inminente. La final de vuelta del Torneo Clausura 2006 casi concluye y en el marcador se dibuja “Audax Italiano: 1; Colo Colo: 2”. El partido de ida terminó en favor de Colo Colo por tres a cero. Gonzalo Fierro corre por la banda derecha, cede para el argentino Miguel Caneo, quien al borde del área hace una finta y lanza un pase con dirección al semicírculo del área. Rodrigo Meléndez deja pasar el balón, que llega a los pies de Luis Mena, quien controla y dispara con la derecha hacia el pórtico que en ese tiempo defiende el “loco” Nicolás Péric. Pelota en el ángulo superior izquierdo, gol. El 3 a 1 para el cacique y el bicampeonato asegurado. Muchos no recordarían que justo antes del pitazo final del árbitro Carlos Chandía, Gustavo Paruolo, un argentino con paso anecdótico por el fútbol chileno, marcaría el segundo gol para Audax, que, de hecho, nadie celebró.

Hoy, siete años después de ese gol, que fue el último que ha convertido en su carrera profesional, la vida de Luis Mena en el club de su vida cambió del cielo a la tierra, tanto así que de ser nombrado como un histórico de la institución pasó a una precaria realidad. Hace poco, y tras la confirmación de Héctor Tapia como el director técnico para 2014, renovó por un año más, cerrando el período de incertidumbre para un futbolista que con 34 años acumula diez títulos con el equipo desde el año 1996 y es unánimemente considerado como últimos referentes de la institución.

El viernes 20 de septiembre es el día previo al partido contra Palestino por el torneo nacional y el Estadio Monumental, la ruca del cacique, se encuentra atestado de hinchas a la salida del sector de estacionamientos, ansiosos por un autógrafo o una foto de los jugadores, esos mismos que cada fin de semana desde hace un buen tiempo son pifiados por la barra, culpados por dirigentes y destrozados por la crítica televisiva.

Dentro, en los estacionamientos, donde cada auto de lujo tiene un cartel con el nombre del jugador propietario, van saliendo uno a uno los deportistas para irse a sus casas después del entrenamiento matutino. Primero Fuenzalida, luego Silva, luego Olivi, Toro, Toledo, Malrechauffe.

Después de la salida de autos lujosos con cada uno de los jugadores con un rostro no muy alegre, más bien tenso, aparece Luis Mena, vistiendo jeans oscuros y un chaleco con tonos grises y negros. Se apronta a su Audi A4 de color azul marino. Con el pelo corto, dorado y con rulos y una barba de pocos días saluda a la gente al pasar.

Sus ojos reflejan el cansancio y el agotamiento psicológico que presenta el equipo actual, al cual ganar le es una gran hazaña y perder, una triste costumbre.

“Por fin una semana tranquila, al fin” es lo que reza su estado en Whatsapp y se refiere al triunfo del domingo anterior frente a Rangers, en Talca, por tres goles a cero. No lo sabe aún, pero esa ilusión se romperá con dos nuevas derrotas consecutivas.

-¿Qué es lo más importante, crees tú, que debe entregar la dirigencia del club a sus jugadores, excluyendo lo monetario y lo netamente deportivo?

-Yo siempre lo he dicho, los mejores años que hemos vivido acá, sobre todo en la época de la quiebra, en la época del Bichi Borghi, que fueron momentos muy bonitos, donde fuimos tetracampeones, llegamos a finales sudamericanas, fue cuando estuvimos todos unidos. Tenemos que tirar todos del mismo carro, jugadores, dirigentes, cuerpo técnico, hinchada, todos velar por un solo objetivo y no tener cada cual su objetivo propio, porque aquí lamentablemente hay un grupo que quiere recuperar el club y el otro grupo no quiere entregar lo que tiene en estos momentos, entonces hay un sinnúmero de cosas que evitan que sea así. Yo no digo si está bien o está mal, yo soy socio de Colo Colo y me mantengo siempre bien informado de todas las cosas, pero siempre va a ser el objetivo poner a Colo Colo en el sitio que se merece.

-¿En qué crees que se diferenció el trabajo de Omar Labruna, que los hizo tener un pequeño repunte y ubicarse, después de mucho tiempo, primeros en la tabla regular de un torneo nacional?

-Omar era un tipo que tenía un trabajo muy especial y muy importante en la gente que no jugaba, eso fue fundamental para comprometernos a todos con un buen funcionamiento. Lamentablemente, después de ese repunte, donde pudimos ser primeros después de mucho tiempo y clasificar a un torneo internacional, vino el tema del accidente de él y mermó mucho lo que fue ese campeonato. De hecho, lamentablemente coincidió con la baja que tuvimos y no pudimos obtener los logros que queríamos. Colo Colo es un tema muy mediático. Yo hablaba con los periodistas la otra vez y me decían que muchas veces en el link de un diario pinchan más veces Colo Colo que una noticia que puede ser mundial. La prensa muchas veces es amarillista y por eso se le dio mayor cabida a su accidente que al rendimiento deportivo.

En noviembre del año pasado, Omar Labruna, director técnico de Colo Colo en ese entonces, protagonizó un accidente vehicular en la comuna de Las Condes. Después de la masificación del incidente, Labruna arguyó que su mujer iba manejando, pero luego se pudo averiguar que había mentido y que en realidad era él quien manejaba. Según muchas versiones, este hecho habría sido uno de los primordiales en su despido unos meses después.

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Una de las consecuencias que ha tenido el proceso de instauración del modelo empresarial del lucro en el fútbol ha sido la gran presión que recae sobre el último escalafón del club: sus jugadores. Fabián Benítez, jugador paraguayo, en una de las últimas conferencias de prensa señaló que entraban a la cancha con miedo. “No podemos ni salir  a la calle porque tenemos miedo de alguna reacción de la gente. Sólo queda pedir disculpas y trabajar”, afirmó.

Otra de las consecuencias del nuevo modelo instaurado en Colo Colo es la nula cobertura y nulas oportunidades a los juveniles del club. Manuel Bravo, jugador a préstamo en Barnechea que fue miembro de la última selección chilena sub 20, comentó en su cuenta de Twitter que para surgir en Colo Colo “un canterano tiene que triunfar en otro club o salir de la mafia de sus dirigentes”. En otra ocasión, Luca Pontigo, un juvenil con mucha proyección, que incluso la hinchada ha pedido hasta el cansancio, comentó que los juveniles “estamos preparados, pero no nos dan la oportunidad. La gente que me pide ha sido bien cariñosa y siempre me ha apoyado. Me quiero ir a préstamo”.

Richard Sandoval añade además que el cambio de modelo en el fútbol tiene muchas y diversas consecuencias estructurales y de fondo. “Las sociedades anónimas deportivas han sido parte de todo un proceso de modernización neoliberal que hubo en Chile, tal como se privatizaron otras áreas como la salud, las AFP, la educación. El futbol también pasó a ser privado, entonces se pierde esa noción de club de solidaridad que existía antes. Hoy es sólo un bien de consumo, que significa ir, pagar una entrada, ver un partido, ir para la casa. Se está pasando del hincha al consumidor, por eso baja la cantidad de hinchas, la participación y el fútbol se vuelve un espectáculo mucho más simple”, remarca.

-¿Cuál crees tú que es o fue el rol social de Colo Colo en la sociedad y la cultura chilena?

-En una parte de la entrevista a Jorge Vergara, que era el presidente de la comisión deportiva cuando ganaron la Copa Libertadores y durante casi toda la década de los 90, él cita una frase que dice David Arellano sobre qué significaba Colo Colo: “era un club soberano, independiente, libre, autónomo y solidario”. Entonces en Colo Colo siempre hubo representación popular. Su trabajo se realizaba en distintas filiales, llegó a tener 80.000 socios en todo Chile y filiales en todas las regiones. Todo eso se perdió con la Sociedad Anónima, porque ahí los socios se redujeron a 200 y con eso no se puede sostener ninguna orgánica.

Hace unos meses y liderado por el movimiento “Colo Colo de todos”, nació la iniciativa de reunir socios a lo largo del país para tener una influencia más activa en las decisiones de la corporación. En sólo dos meses el club rompió el record histórico y logró captar más de 32 mil nuevos socios. El movimiento, que es liderado por Marcelo Barticciotto, se origina gracias al descontento que existe por parte de la hinchada colocolina y busca sacar al club de la crisis deportiva y administrativa en que se encuentra sumergido.

Para Richard Sandoval, en lo inmediato esto va a significar que los hinchas van a tener una voz y un voto. “Creo que este año hay elecciones dentro de la corporación; ‘Colo Colo de todos’ debería ganar la elección y con eso van a tener dos integrantes dentro del directorio, así van a tener más peso en la dirección del club”.

En cambio, para Luis Mena, más allá del movimiento que se está iniciando, que cada día es más grande, “para mí lo más grato es ver nuevamente al hincha colocolino estando con el club, aportando al rol social de Colo Colo. Esa podría ser una de las críticas a la labor que tiene B&N pero creo que de a poco se ha ido tomando porque es importantísimo que Colo Colo siempre ha sido un club social y deportivo, la gente lo tiene muy arraigado. Esperemos que podamos ser como antes, tener más filiales, tener más estamentos, no solamente ser fútbol, ser también básquetbol, ser patinaje, ser muchas cosas que se han dejado de lado”.

La felicidad en blanco y negro. Así es como está Colo Colo, sin colores, sin alegrías, con tensión y con una gran carga de malos momentos que están muy lejos de dejar de ocurrir.

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