La decencia

Rodrigo Múñoz

No han sido meses fáciles para los cruzados. La decepción de nadar para morir en la orilla nos ha acompañado desde hace 3 campeonatos consecutivos, donde siempre se estuvo cerca.

No han sido meses fáciles para los cruzados. La decepción de nadar para morir en la orilla nos ha acompañado desde hace 3 campeonatos consecutivos, donde siempre se estuvo cerca, donde faltaron más goles, más precisión en la final o un plantel más competitivo en el último torneo. Siempre con la expectativa a full, la ilusión a tope, pensando que esta vez “si se daba”, pero como dijo Martín Lasarte, “el futbol nos debe una”.

Tanto fracaso mezclado con tanta expecativa genera una combustión rápida en el hincha, que no soporta tanta burla y tanta humillación; La paciencia en el fútbol conoce de plazos más cortos que en otros ámbitos de la vida, y el mote de “segundones” comienza a ser molesto, incómodo, desagradable, y sobre todo, simplón. La tolerancia a la burla ya pasa de las buenas formas a espetar garabatos o groserías, según el bufón de turno que nos “suba al columpio”.

En esa dolorosa transición, aparece Rodrigo Astudillo, jefe de las divisiones inferiores de Católica para asumir de forma interina a la espera de la asunción de la nueva dirección técnica. Formalmente no se planteó como interinato, pero en la práctica lo era: Todo apuntaba a la llegada de Eduardo Berizzo, quien sería el nuevo técnico cruzado en Junio. Esa historia da para otro libro, pero Astudillo tuvo que echar mano a lo que había, a lo que llegó y a la irregularidad que fue nuestra fiel compañera en el semestre. Como resultado de ello, nunca hubo patrón de juego, jamás se amenazó la hegemonía de Colo-Colo, y el equipo mostró más luces que sombras en un derrotero que de la ilusión caminó hacia la resignación, sumando más frustración y escozor en el ya herido orgullo del hincha cruzado.

Sólo quiero deternerme en la figura de Rodrigo Astudillo. Jugador con relativa figuración en los ’80, asumió la responsabilidad técnica del equipo con un perfil muy bajo -tal vez demasiado- aunque muy condicionado, dadas las particulares condiciones en las que asume, pero cuando las cosas no andan bien, cuando los responsables no dan la cara y cuando tampoco son capaces de asumir y enfrentar sus errores, Astudillo puso la cara, puso su nombre y sus espaldas para ser el blanco predilecto del hincha. Insisto; no lo glorifico ni lo justifico, ya que muchas decisiones técnicas no fueron las acertadas, pero si valoro y reconozco que su amor al club quedó demostrado con hechos, porque no sólo hay que estar cuando se gana, sino que también hay que estar cuando el barco se hunde, cuando todos arrancan y cuando ves que el agua entra por todos lados.

Este semestre no será recordado por lo futbolístico, menos por la gestión dirigencial (otro capítulo aparte), pero creo que Rodrigo Astudillo hizo el trabajo que nadie quiso y tomó ese fierro caliente que muchos evitaron, sin jamás esbozar críticas públicas o quejas al respecto. En silencio, y haciendo lo mejor que podía, con lo que había. Para mí, eso es ser decente, honesto y amar profundamente  al club.

Para mí, eso vale mucho más que besar una camiseta para luego irse a la contra, o negociar con la contra. Son hechos. Y siempre los hechos valen más que la simple retórica.

Next Post

Panbología: El mercado de piernas en el balompié azteca

A menos de dos semanas para que inicie la Copa del Mundo de Brasil 2014 y con todas las miradas puestas en el país de la samba, hay otros panoramas dentro del mundo futbolístico.

Suscribete ¡AHORA!