La fiesta no fue completa

Cuando el fútbol volvía después de ocho meses a Calama todos esperábamos un triunfo que nos permitiese festejar como corresponde este esperado acontecimiento.

Cuando el fútbol volvía después de ocho meses a Calama todos esperábamos un triunfo que nos permitiese festejar como corresponde este esperado acontecimiento. El público respondió y repletó la capacidad del mini-estadio emplazado en el club de campo de la ciudad (que además sorprendió con nombre escogido arbitrariamente por la dirigencia), pero los naranjas en la cancha quedaron al debe. Tras un pésimo primer tiempo, realizar una buena actuación en la segunda etapa no fue suficiente y con nula jerarquía desde los doce pasos, los dirigidos por “Chicho” García se despiden del torneo ahondando de cierta manera ese sentimiento de amargura que nos invade tras el partido con Palestino, momento desde el cuál Cobreloa no ha podido levantar cabeza.

Cuando el equipo pierde es difícil hacer un análisis, se vienen muchas cosas a la cabeza y se encuentran errores en casi todos los momentos del partido. Se nos evidencia nuestro “complejo de entrenador” e intentamos buscar las soluciones para lo que aconteció en los 90′.

Queda al menos en la retina del hincha naranja, la sensación de que se regaló un tiempo, que se confundieron los papeles en la primera etapa del partido y la dirección técnica del equipo no dio con el once ideal, propiciando que Cobresal con muy poco en ofensiva pudiese irse al descanso en ventaja de dos goles a cero.

En lo personal pensé que podía funcionar el cambio de posición de Reynoso al mediocampo y la apertura de Lima hacia una banda, pero esto no resultó, un Cobreloa sin profundidad y sin ideas era el que se paraba en el pasto del recién inaugurado estadio.

En la segunda etapa las cosas cambiaron, pues el “Chicho” decidió golpear la pizarra y recomponer las piezas de tal manera que el esquema se volvió a dibujar de la forma que nos tiene acostumbrados. Pérez al mediocampo en desmedro de Reynoso y Herrera ingresó a reemplazar a un malogrado Cuéllar. Lo del delantero loíno es lamentable. Falto de chispa y confianza no logra ser un aporte para el equipo, naufraga en su propia inseguridad y no transmite peso ofensivo ni a las defensas rivales, ni a sus compañeros. Coronó una pésima tarde con un autogol que significó el dos a cero parcial. ¿Habrá sido la última posibilidad de Cuéllar en Cobreloa? ya lo sabremos.

Cobreloa encontró los goles pero no en sus delanteros, tal cual ha sido la tónica en el semestre y tras el empate todos nos ilusionamos con la remontada que estuvo cerca, pero nuevamente se falló en el finiquito y debíamos ver y escuchar como jugada tras jugada Cobreloa no pudo cerrar el partido a su favor. Se acabó el tiempo reglamentario y se daba paso a la definición por penales.

Cabe destacar a mi parecer que el partido en los 90 minutos de juego no se perdió, de hecho se empató tras ir abajo por dos goles de diferencia, volviendo a jugar bien, demostrando la dinámica y el poder ofensivo de otros partidos, lo que debiese ser un aliciente para retomar confianza en las capacidades del equipo, siempre y cuando este también tenga la confianza por parte del cuerpo técnico de probar con los que ya se sabe rinden y no “improvisar” posiciones dentro del esquema.

Los jugadores loínos demostraron que pueden dar la pelea ante un marcador adverso en tanto el funcionamiento del equipo sea óptimo, ya que los “Zorros del Desierto” no han tenido en la figura de un solo jugador la responsabilidad de un buen funcionamiento. Lamentablemente los rendimientos individuales han decaído y ha costado ver a ese Cobreloa arrollador de unos partidos atrás, pero lo de hoy por lo menos demuestra que las condiciones siguen ahí. Se puede todavía jugar al buen fútbol.

Lo que aconteció en los penales es vergonzoso. En primer lugar es digno de enterrarse bajo la tierra para los tres pateadores que malograron sus tiros. Son profesionales, son futbolistas, se dedican a esto. Es imposible que sean incapaces siquiera de apuntar al arco. Nadie les pide que definan con exquisitez, que saquen tiros imposibles y nos dejen anonadados, sólo se les pide que tengan el nivel y la jerarquía para meter un tiro dentro de los tres palos. Esto es lo que hace vergonzoso también lo ocurrido en la tanda de definición.

El equipo no mostró jerarquía frente a un rival que tenía en el arco a su tercer arquero, jugando como visitantes, los pateadores loínos deberían haberse comido al portero de Cobresal, pero no sucedió eso.

Ahora queda la obligación de enmendar el rumbo y abocarse a ganar el título del campeonato nacional. No hay excusa que valga, Cobreloa participando en tres competiciones nos ilusionó a todos con que podían conseguir el premio grande en alguna. El cansancio, la fatiga, lo corto del plantel nunca fue un impedimento para eso, hoy con mayor razón no se puede volver a fallar, estamos en una sola competencia y tenemos que salir a ganarla. Que mejor partido para volver a los abrazos que ante el clásico rival, un equipo muerto, sin dinámica, sin ideas, que de seguro de jugarles como jugamos hoy en el segundo tiempo le podemos pasar fácilmente por encima, pero para eso debemos volver a creer que podemos jugar bien, no como el primer tiempo, sino como aquél equipo que entró a remontar un resultado en contra y por poco casi se hace con la victoria.

No se trata de rachas, se trata de confianza, se trata de trabajo. Que no nos coma el exitismo, no estamos muertos y vamos a salir adelante. Como siempre lo he dicho, pongamos a rodar la pelotita en el pasto, que de eso si sabemos.

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