La voz del hincha o los “desalmados de siempre”

Luis San Martín

El domingo antepasado el presidente de San Marcos de Arica, Carlos Ferry, consultó vía Facebook si es que el cuerpo técnico actual debiera sufrir un cambio, lo cual implicaría un riesgo: gastos obvios y el retiro de dirigentes. Lo consultó abiertamente en su cuenta, y recibió respuestas.

Por Luis San Martín / P.P. Rigoletto

Presidente de Arica le preguntó a los hinchas sobre futuro de DT
Presidente de Arica le preguntó a los hinchas sobre futuro de DT

La actitud de Ferry es insólita, es cierto. ¿Pero por qué? Un equipo recientemente ascendido que corre el peligro del descenso necesita salvarse, y el presidente del mismo pregunta opiniones, convoca voces en pos de evitar la catástrofe. ¿Queda claro ahora por qué es un suceso inédito? Sí, porque ningún dirigente procede de aquella manera en el fútbol chileno de hoy. En cierta manera, indirectamente reconoce su error (y el de otros) al escoger un cuerpo técnico deficiente. Y, repito, pide la opinión para ver qué puede hacerse. Bien.

En otros casos ¿qué hacen los dirigentes —y accionistas también— de equipos grandes, como el mismo Colo Colo, cuya barra fue protagonista de un comportamiento “deleznable”, “desalmado” dijo algún comentarista de renombre (no olviden esta palabra), hace algunos fines de semana? Nada. Absolutamente nada: olvidan autocríticas, escapan de las cámaras con risitas nerviosas y otorgan respuestas-tipo, insatisfactorias para aquel hincha que semana a semana sigue a su equipo en triunfos, empates y derrotas. Pareciera que no les interesara la suerte de su equipo mientras el bergere y un buen trago todavía puedan esperarlos en sus respectivas casas. Son dueños de un club (más allá podría ser cualquiera como Colo Colo) que, por definición, les pertenece a jugadores, hinchas y muchos más. Y cambian de directorio y sufren nada; es un buen puesto estar en un equipo que pierde en la cancha pero sigue otorgando mucho dinero. Para cualquiera.

Algo pasa aquí. El poderoso caballero Don Dinero, y por consiguiente el creciente interés en un negocio indudablemente lucrativo, está primando en nuestro fútbol. Y no se puede hacer mucho, pues los hinchas que van al estadio, esos que son definidos injustamente como todos iguales (con representación de los que rompen el estadio como estereotipo a seguir), son anónimos, no tienen voz ni menos voto. Solo el amor a un equipo.

Como leí en una columna —también anónima, por supuesto, e inédita— de un miembro de la barra de Colo Colo, la indignación no es con el fútbol mostrado en la cancha o la desidia, pues cualquiera que estime a su equipo quiere apoyarlo en los mejores y en los peores momentos, por supuesto. La indignación máxima tiene como foco a la raíz del problema: los dirigentes, esos que seguramente no sufren como el hincha que junta las monedas para cruzar la puerta del estadio y alentar, aun en los peores momentos, para probablemente tener que dejar el recinto con la cabeza gacha y sin nada en los bolsillos.

Para finalizar, echemos una mirada a las palabras de este hincha para comprender un poco el asunto tomado desde el punto de vista del que sigue apoyando sin ver cómo los ceros en las cuentas personales suben mes a mes. Quizás así entendamos y hasta nos sintamos interpretados por quien va fin de semana a fin de semana a ver al único equipo que sigue y seguirá en su vida, continuando e insistiendo con ir a verlos para contemplar un triunfo o una derrota, las mismas que siguió su papá y su abuelo, pero sin los embates interesados del poder:

LOS DESALMADOS

Después de la suspensión del partido contra Audax, para los medios, para los dirigentes, para las autoridades, para los jugadores y sobre todo para Hugo González, no quedó duda que lo más fácil fue echarle la culpa, utilizando los lugares comunes de siempre, al hincha. La verdad es que ya aburre mucho el poco análisis interpretativo que se hace con lo que envuelve a cada partido, la escasez de razonamiento crítico que rodea cada conferencia de prensa… También aburren, y cómo lo hacen, los mismos partidos. De verdad ya desanima todo lo que envuelve a Colo Colo y acá cae la pregunta obvia: ¿Por qué sigue la gente yendo al estadio? La respuesta es esperable: Porque sí. Lo que despierta un equipo en el hincha indeterminado, no tiene nada de racional: pasiones y emociones.

Cuando el club viene mal, en este caso viene pésimo (no lo remitan solo a resultados deportivos), el único que está ahí para dar la cara, todos los domingos de todos los años, es él, el hincha. Para los jugadores es un trabajo. Para los dirigentes es un trabajo. Para los periodistas es un trabajo. Para todo es un trabajo temporal, excepto para nosotros. Para todos representa ganancias económicas, menos para nosotros: gastos. Y no es solo porque pagamos una entrada que nos sentimos con el derecho de protestar contra las malas decisiones que se toman en el club o en los estadios, sino porque nos afecta sinceramente y desde siempre. No pedimos mucho, ni ganar todos los partidos ni jugar bien, solo pedimos respeto. Y cuando eso nos lo pasan a llevar tenemos derecho a la protesta, y no hay una sola forma válida de hacerlo, como quieren hacer creer. No puede haber una sola forma entre tantas personas diferentes, que es lo que olvidan los que hacen las medidas, las leyes, que erróneamente tienden e intentan prolongar la visión de un hincha tipo que no existe.

Mucho se habló en la prensa luego de ese partido, a causa del petardo que explotó en la cancha y no dañó a nadie, de “los vándalos de siempre”, e incluso Fernando Solabarrieta se atrevió a usar un epíteto que hace escribir esto: “Desalmados”. Pero ¿puede no tener alma una persona que se dedica por completo, que a veces arriesga su vida, que pasa hambre, frío, que recorre miles de kilómetros solo para estar en el mismo estadio que su equipo? No. Desalmado estaría más cerca de ser el que con la potestad de tomar decisiones no considera a los hinchas en estas, un periodista deportivo que no es capaz de hacer las preguntas que uno quisiera, un Gobierno que prohíbe la fiesta en el estadio. Desalmado es el paco que le tira un caballo encima a una persona.

Hugo González dijo esa vez que “no pueden suceder estas situaciones”. Lo mismo decimos nosotros (o yo) de cómo mató a Romo contra Audax para poner a Delgado y dejar la misma línea de cuatro que venía perdiendo todas las pelotas. Lo mismo decimos nosotros de la constante rotación de entrenadores. Lo mismo decimos nosotros de la no contratación de un central de nivel en todos estos años. Lo mismo decimos nosotros del trato que se les da a los socios y a los ídolos…

En la reunión de accionistas minoritarios, hace pocos días, nuevamente quedó demostrada la presencia del hincha en cualquier circunstancia en las que se hable del futuro de nuestro club (a pesar de todo, más nuestro que de ellos). Y estaremos opinando y proponiendo a través de todos los tipos de manifestación que existen (diálogo, columnas, cánticos, afiches, lienzos, conversaciones de almuerzo, violencia, etc.), porque tenemos la cantidad y variedad de hinchas que no solo permite hacerlo, sino que también lo obliga.

Así como para controlar las decisiones de los hinchas están las cámaras de seguridad, carabineros, el discriminatorio precio de las entradas, guardias privados, las rejas con alambre púa… para controlar las decisiones del entrenador, de los jugadores, de los empresarios y de los dirigentes, estamos nosotros. Y estamos más atentos y somos más eficaces que cualquiera de sus métodos. Porque estamos aburridos, cansados de que nos peguen donde más nos duele, en Colo Colo.

 

 

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