Largo, corto o sin estadio

El Chasqui 1

De nuevo la misma escena del fin de semana futbolero: el microbús lleno de barristas que actúan bajos sus propios códigos. Toman, pitean, gritan, molestan y orinan…para ellos todo normal. Sin embargo, hoy no…mejor prendo el televisor y me olvido.

De nuevo la misma escena del fin de semana futbolero: el microbús lleno de barristas que actúan bajos sus propios códigos. Toman, pitean, gritan, molestan y orinan…para ellos todo normal. Sin embargo, hoy no…mejor prendo el televisor y me olvido.

Extrayendo visiones de cronistas futboleros como: Marín, Mackenna Schiappaccase o Valdés, puedo extrapolar repetición de palabras. Fracaso, violencia, inseguridad y sistema de juego. Los cruzados que se desplazan de cancha para poder jugar con Colo-colo o la Universidad de Chile. Las razones que se esgrimen: delincuentes que pasan por hinchas. Destrozos, asaltos, peleas y drogadicción, elementos que se apoderan de las barras bravas cada fin de semana.

Divertido frente al computador reproduzco pasajes idóneos para la escritura. Sin TV cable, pero esperando la irrupción de la barras. El Canal de Fútbol continúa el monopolio concerniente a las imágenes. A nivel macro una estructura millonaria. 530 mil abonados para su señal Premiun. Un avalúo de $400 millones y casi dos millones de abonados para su señal básica. Toda esta vorágine e 10 años de desarrollo mediático. La pregunta cae de cajón… ¿Por qué la asistencia a los estadios disminuye cada año? ¿Por qué la violencia e inseguridad en los recintos sigue siendo la piedra de tope?

A toda costa los tres equipos grandes dominan el fútbol. Sin o con barras. El 87% de los abonados al CDF pertenecen a colores azules, blancos o cruzados. En términos generales y a secas, la llegada de las sociedades anónimas tomó por sorpresa a jugadores, dirigentes y estructura futbolística en su conjunto. Un INAF, colapsado por futuros comentaristas-entrenadores, sin títulos universitarios, pero ocupando espacios periodísticos. Entramos a la cancha, salimos de ella.

Siempre en fin, siempre desconfiando de las barras bravas, todos viendo por TV. Un atiborrado Twitter indica que existe una aldea global, donde supuestamente nos comunicamos. Sin cara, bajo sobrenombres o fotos de presentación. 140 caracteres vuelan y unen. Sin embargo, las barras bravas siguen bajo sus propios códigos y costumbres. Siguen alentando, con o sin aldea global, les importa un carajo. Suben a los micros y los convierten en una fiesta. Eso hasta que llegan los Carabineros y los hacen bajar. Lo de siempre, ya no quiero vivirlo…prendo el televisor mejor…me siento en el sofá, desaparezco.

Encuentra a Gonzalo Iñiquez,  ‘El Chasqui’, en su cuenta de Twitter

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