Melbourne 1956: En las manos de Marlene, Ramón, Claudio y Lucas

Para la cita olímpica celebrada en Australia, Chile aún no contaba con un fuerte desarrollo deportivo, pero si había emergido la figura del Comité Olímpico Chileno, lo que representaba ciertas esperanzas de desarrollo. A pesar de eso, el boxeo y el lanzamiento de jabalina, le permitieron a la delegación chilena conquistar cuatro medallas, transformando a Melbourne 1956 en el mejor escenario histórico olímpico del país.

Chile llegó hasta el país oceánico con una delegación compuesta por 33 deportistas dispuestos a competir en 22 eventos en 8 deportes distintos. De estos 33 competidores, sólo había dos mujeres, una de ellas además sería la abanderada, Marlene Ahrens.

La oriunda de Concepción era una de las cartas fuertes de la delegación, pues en la antesala de las olimpiadas, ya contaba con dos preseas sudamericanas en lanzamiento de jabalina, una plata en Sao Paulo ´54 y un oro en Santiago ´56. Este último lanzamiento que le entregó el oro, tuvo una longitud de 48, 73 metros, hasta ahí el mejor registro de su carrera. En la competencia olímpica, se presentó el 28 de noviembre a representar al país, convencida de revalidar sus pergaminos anteriores y no defraudó. Marlene lanzó la jabalina a una distancia de 50, 38 metros, superando con creces su último registro en sudamericanos y ubicándose en el segundo lugar de la clasificación, sólo superada por Inese Jaunzeme (URSS), quien lanzó 53,86 metros. De esta manera se transformó en la primera mujer y única hasta el momento, en conseguir una medalla olímpica para Chile.

Pero lo realizado por Marlene Ahrens no sería lo único que Chile conseguiría en Melbourne 1956, pues el boxeo tenía reservada una ejemplar presentación. Los nombres de Ramón Tapia, Claudio Barrientos y Carlos Lucas, entregarían tres nuevas medallas a la delegación nacional.

Ramón Tapia, oriundo de Valdivia, contaba con el campeonato nacional de ligeros amateur ´53 y el segundo lugar en los Panamericanos ´54, siendo además campeón latinoamericano de peso medio en Montevideo ´55, por lo cual se pensaba, era quien mejor se perfilaba a obtener una medalla. En la competencia de peso mediano, vio su debut frente al polaco Zbigniew Piorkowski, venciendo por KO. Ante Julius Torma de Checoslovaquia, el valdiviano también se adjudicaría la victoria por KO. En semifinales se toparía con Francia, pelea en la cual vencería por nocaut técnico a Gilbert Chapron, llegando así hasta las finales con impecable registro. Ahí lo esperaba el soviético Gennadi Shatkov, ante quien a pesar de hacer una buena pelea, intentando replicar la técnica que lo había llevado hasta la disputa por el oro, no pudo vencer, cediendo por KO.

Por su parte, otro valdiviano seguiría completando la buena participación chilena en boxeo. El “Tripa” Claudio Barrientos, venía antecedido por una medalla de bronce en peso gallo en losn Panamericanos de México ´55. Libre en primera ronda, se esperaba pudiese recuperar su mejor condición para la competencia, pues la complejidad de mantener el peso para su categoría y el viaje al cual no pudo acostumbrarse de la mejor manera, lo tenían algo debilitado. De todas maneras logró imponerse a Zenon Stefaniuk de Polonia por los puntos en la segunda ronda, para luego de la misma manera, eliminar a Eder Jofre de Brasil. Lamentablemente los temores al inicio de la competencia habían empezado a hacer mella en el deportista sureño, que no logró llegar en buenas condiciones a la pelea con Song Soon – Chung, el boxeador de Corea del Sur que le privó de la pelea por el oro, al derrotarlo por los puntos, dejándole la medalla de bronce como trofeo.

Carlos Lucas llegaba desde Villarica a Melbourne sin muchas expectativas, pues su categoría de semipesados, aparecía como un gran desafío. Sin grandes pergaminos, el “Solitario”, venía de competir principalmente en el circuito amateur, por lo cual, todo logro que pudiese conseguir en la cita olímpica sería una victoria. Esta escases de competencia, no le permitía leer de la mejor manera las peleas, poco acostumbrado a las técnicas que se ocupaba, como el hecho de “amarrar” al rival. Libre en la primera ronda, se enfrentó al polaco Andrzej Wojciechowski, a quien venció por los puntos, adjudicándose así una gran victoria ante uno de los fuertes de Europa del Este. En su segunda pelea efectiva, se enfrentó al rumano Gheorghe Negrea, a quien logró dominar de cierta manera. El europeo rompería uno de sus guantes, teniendo tiempo suficiente para recuperarse en el lapso de tiempo en que la organización conseguía un nuevo par. Reanudado el combate, el representante de Rumania lograría adjudicarse la pelea por los puntos.

Chile cosechaba dos medallas de plata y dos de bronce, más por empuje propio (sobre todo en el boxeo), que por una buena política deportiva. Algo que hasta hoy, parece no haber cambiado mucho.

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