Arriba y cruzado (Una vez más)

Lo que acabamos de ver en Belo Horizonte no es otra cosa que la triste repetición de una serie de infortunios que han perseguido a Colo-Colo en sus últimas participaciones en la Copa Libertadores.

Ya habían marcado su nombre para siempre en la cabeza de los hinchas Cleiton Xavier de Palmeiras (2009, minuto 86) y Jonathan Fabbro de Cerro Porteño (2011, minuto 87), y hoy lo hizo Rafael Carioca, que con furibundo zapatazo repitió la tradición de dejar al cacique fuera de la máxima competencia continental con golazos en el ángulo superior izquierdo del arco popular en los minutos finales. Primero Cristian Muñoz, luego Francisco Prieto y hoy Paulo Garcés, han debido desenredar la pelota entre las piolas cuando ya no queda tiempo para enfrentar el partido como correspondía para un equipo con la misión de sacar la cara por el futbol nacional.

¿Es realmente algo fortuito lo que le pasa a Colo-Colo? No. Pues no podemos dejar de considerar que durante 93 minutos, los dirigidos por Héctor Tapia sólo pudieron acercarse con claridad al arco rival con un cabezazo desviado y una vaselina desmedida de Esteban Paredes, el único referente de área que presentó Tito hoy en Brasil (Otra causa del problema). Debemos darnos cuenta de que, si bien la mejor decisión de Tapia fue no poner a Luis Pedro Figueroa, fue un gran error exponer a Emiliano Vecchio a una lesión mayor a la que ya tenía y que mostró con evidente lentitud y erráticos movimientos. Es necesario reconocer que este partido (como también los últimos 3) han sido los mejores de Humberto Suazo desde su retorno a Chile; que el plantel sin Jaime Valdés ni Justo Villar se transforma en un equipo más, y que los jóvenes lanzados a la pelea no tienen las armas para ganar un partido de Copa.

Cuando a falta de 11 minutos y descuentos, Rafael Carioca embocó una volea sin jugadores que lo apremiaran en unos 7 metros a la redonda, Colo-Colo lo tenía relativamente controlado. La irresponsabilidad habitual de Garcés y sus salidas kamikazes terminó en un penal que supo repeler con las uñas; la defensa estaba devolviendo todo lo que llegaba por alto y la línea de contención estaba cubriendo los espacios. Parecía que esta vez sí, parecía que con una gota de suerte se podría pasar a octavos de final sin importar que la potencial llave sería con el sorprendente Tigres de México. Colo-Colo tenía equipo para cosas grandes, pero nuevamente nos damos cuenta que por más que una frase se repita majaderamente en la sala de conferencias del Estadio Monumental, la manoseada “jerarquía” no es más que experiencia y años de juego. El problema es que cuando la experiencia sólo se demuestra en la “auto fabricación” de faltas y el reclamo constante, podemos estar seguros de que seguiremos viviendo de las glorias que alguna vez alcanzamos y que cada vez vemos más difícil que se repitan.