Chile con carne


Calma y a lo que vinimos… Eso pedíamos hace pocos días cuando la selección nacional sufría en los amistosos previos al inicio de la Copa América Centenario. Entre eso y el partido por cuartos de final en el Levi’s Stadium de Santa Clara hubo de todo: derrota contra Argentina, penal regalado para ganar en los descuentos a Bolivia, papelón de nuestro capitán en los dos descuentos de Panamá y una ola de dudas y vacilaciones dentro de la cancha, en las portadas de los diarios y en las inefables redes sociales. Todo eso hasta hoy…

Este 18 de junio, tal y como los pocos optimistas esperábamos, se debía repetir lo que ocurrió con España en la Copa del Mundo de Brasil 2014 y el partidazo contra Bolivia en la Copa América de Chile hace un año. En Chile, en cambio, seguían siendo más los que esperaban con sus tweets pre-armados las burlas ante una posible falla de Claudio Bravo o una pérdida de balón de Fuenzalida. Comienza a ser una linda costumbre cómo este grupo de jugadores tapa una y otra vez la boca de los que no creen en que, como país, estamos condenados al éxito. Palabra del Bonva.

Por más que le pese a Donald Trump, este sábado había setenta mil mexicanos que esperaban una fiesta, y así perpetuar su permanencia en la competencia. Los “Puto” y los “Ole” trataban de levantar a los dirigidos de Osorio que desde el inicio fueron superados en todo el terreno por un Chile que cedió en posesión respecto de partidos anteriores (Igualmente muy superior al rival) y puso el vértigo que no veíamos desde que Don Jorge Sampaoli – Un hombre de palabra, según cuentan en Granada – estaba al mando del grupo). Todo terminó con la marea verde gritando irónicamente en contra del desdibujado equipo norteamericano.

En exactos 90 minutos (Muy bien el árbitro que no alargó la agonía), Chile apabulló todos los juegos de palabras que la prensa mexicana había hecho en la previa y se transformó con justicia en un plato de Chile con carne que no se podrán tragar nunca. Hoy el equipo de Pizzi tuvo carne, sangre y una fuerza que puso paños fríos en el trabajo de Juan Antonio Pizzi y revitalizó a un grupo de jugadores que venía con el ánimo a medias. Claudio Bravo tuvo las mismas dos intervenciones que en el partido contra Panamá, pero que hoy pudo resolver como siempre; la defensa no se vio sobrepasada en ningún momento y si Fuenzalida tuvo un par de tropiezos, siempre llegó Edson Puch o Gary Medel para cubrir y mantener la calma. El medio campo tuvo de regreso al tridente que la descose: Vidal, Aránguiz y Díaz se movieron en bloque de área a área poniendo el ritmo del juego y rompiendo cualquier intento mexicano por generar algo de peligro. El ataque de Chile no se explica fácilmente: Puch partió jugando como punta derecho, abrió la cuenta entrando por la izquierda, recuperó más de cinco balones en área propia y cerró el marcador con un gol de crack mundial entrando por la derecha nuevamente. Sánchez las hizo todas, como siempre, y quizás tendría las portadas del domingo si no hubiese aparecido Eduardo Vargas con cuatro goles propios de su estilo que aceleraron el corazón de 17 millones de chilenos y fortalecieron el de su madre, que se recupera viendo las hazañas de Turbomán.

Siete a cero que sensatamente es muy difícil que volvamos a ver, pero qué le importa la sensatez a estos cabros chicos pasados a cancha de tierra que ya le ganaron a la vida. Romper récords y sorprendernos una y otra vez es lo que los hace felices, ese es su premio. Volvió el campeón y lo hizo para meterse con todo en la lucha por el título, a sólo 180 minutos de alcanzar al esperado sueño americano.