Monje, guerrero y fakir

Lo de siempre. los primeros minutos son de un inconsciente alejamiento de la realidad. Todo parece una mala broma de Twitter, un error de la prensa o incluso un chiste proveniente de su particular personalidad.

Hoy, 18 de septiembre, dejó de existir Eduardo Guillermo Bonvallet luego de 60 años de una vida complicada, y de la que siempre supo abstraerse para empujarnos hacia arriba, para convencernos de que nada era imposible si de verdad queríamos lograrlo. Hasta hoy. En un hotel de Santiago decidió terminar con su vida luego de haberle ganado a todo: La rebelde lesión que lo alejó del fútbol; el permanente lobby del brazo armado del fútbol y la prensa deportiva nacional que lo mantuvieron lejos de la primera línea en su afán por dirigir un equipo profesional y un cáncer al que doblegó como pocos.

Su gran derrota la sufrió contra la incansable depresión, la misma que se llevó al Mumo Tupper, esa que actúa silenciosa y luego de que las luces se apagan. El país ha perdido al Monje, al Guerrero y al Fakir, a ese comunicador innato que logró que toda una generación, la que hoy bordea los 30 y que hace pocos meses logró la gloria continental, supiera desde hace más de 15 años que era posible, que podíamos ser campeones y que el himno se cantaba mirando el cielo con el pecho inflado con el orgullo de vestir la roja de todos, la que él nunca se sacó.

Pueden hablar de la forma en que hablaba, de sus exabruptos y de los apodos para un grupo de personajes que jamás lo desmintieron, que usaron todos los caminos alternativos para callarlo. No pudieron ni podrán, su fuerza prevalecerá porque ya está demostrado que todo su discurso era cierto. Para todos quienes nos cambiábamos de la señal oficial del momento para ver su análisis del partido en La Red sabemos que hoy una parte de nuestra infancia se fue con él, pero no fue en vano. Hoy Chile es el país que es gracias a unos pocos, y tú, Gurú, eres uno de esos. Descansa en paz, Eduardo. Te lo ganaste.