Síndrome de Estocolmo

Ay, don Sampa. ¡Qué difícil entenderlo! Para poder ponerse en su lugar hay que hacer un esfuerzo casi tan grande como el que hacían sus jugadores para no lesionarse en cada sesión de entrenamiento, o el que hacían los hinchas para pagar las entradas a los partidos de la Roja linda y querida. Durante esta semana lo hemos visto hacer una ronda por radios y medios escritos en la que levanta majaderamente la idea de una campaña orquestada desde algún antro clandestino en que periodistas, dirigentes e hinchas se reúnen para pensar cómo desprestigiarlo y enlodarlo con la mierda que sigue salpicando su ex jefe.

Usted sí dijo en medios extranjeros (para variar) estando en Zurich que se sentía un rehén, y en eso lo entiendo. En Chile estamos acostumbrados a esa figura en nuestra relación cotidiana con las farmacias, los supermercados, las multitiendas, los bancos, los políticos y un largo etcétera que también incluye al fútbol. Somos rehenes de la inseguridad en los estadios que nos aleja de ellos y del Canal del Fútbol que nos retiene en nuestras casas previo pago de una descomunal cuota mensual.

Pero existen varias formas de ser un prisionero. Desde el 10 de agosto de 2007 somos rehenes de una filosofía. Somos rehenes de una persona que cambió la mentalidad de la industria del fútbol chileno, instalando un síndrome de Estocolmo colectivo. Sí, don Sampa, no es usted. Somos rehenes de una persona que jamás se auto infirió la condición de ídolo, de una persona que siempre fue directo y claro, desde que llegó a Santiago y hasta que se fue por no comulgar con los mismos que a usted le ofrecían premios por logros que ya habían sido alcanzados. Marcelo Bielsa se fue por no querer ser parte de algo que siempre olió mal para todos, pero que, como habitualmente ocurre por estos lados, no se detuvo a tiempo. Era una más en este nuevo paisaje nacional del engaño y del abuso.

Cuando usted llegó, lo hizo con la bandera del amateurismo y nos convenció de seguirlo. Con una envidiable preocupación por tener pleno control de cada detalle, logró vencer a punta de excelentes resultados la reticencia del 74,3% de chilenos que no son hinchas de su equipo anterior, lo hizo bien…lo hizo muy bien. Personalmente creo que el haber alcanzado la gloria continental con Chile lo alza como el mejor entrenador de la historia de nuestro país, sin duda alguna porque gracias a Marcelo Bielsa que los triunfos morales ya no sirven por estos lados. El rosarino demostró que se podía, y usted lo comprobó. Los números de su paso por la Roja (asumiendo que esto ya fue) son asombrosos. Francamente es difícil de creer el rendimiento que le pudo sacar a jugadores perdidos en sus equipos y que con la camiseta de Chile parecían estar listos para la Premier League, y el respeto que se ganó la selección nacional por tenerlo a usted en la banca. Los combinados extranjeros pedían jugar amistosos con Chile y rogaban por no jugar partidos oficiales con nosotros. Usted es un grande, pero tiene un problema, cree que es mucho más grande.

Para mí, lo que usted tiene es el Síndrome de Zurich. Las luces y los lujos de la ceremonia en que se entregó el balón de oro al mejor entrenador del año 2015 (que debió haber ganado) terminaron poniendo la guinda en una torta de desaciertos y declaraciones muy mal asesoradas. Si se me permite darle un consejo, vaya a dirigir un equipo chico en Europa y sáquelo campeón, usted sabe que puede. Pero entiéndalo bien, su mejor carta de entrada a Europa es que tenga una buena salida de Chile, sin hacer “perro muerto”. Honre su palabra y lo que firmó, pague lo que dijo que podría pagar y tan amigos como siempre.

Mientras su rabieta se resuelve, y libera a la ANFP del encierro en que la tiene sin poder contratar un nuevo entrenador que tome al equipo para los partidos de marzo, ha surgido la idea de que Marcelo Bielsa vuelva. Sabemos que esto no va a pasar, que terminaremos siendo dirigidos por un “emergente adiestrador nacional” (La venta de pastillas para el colon irritable explotaron con las publicaciones a que hablaban de Jorge Pellicer o Mario Salas), o por uno de primer nivel que de Chile sólo conozca a Sánchez y Vidal.

Pero como soñar es una de las pocas cosas gratis que van quedando, podemos ilusionarnos con que el ex técnico del Olympique de Marsella regrese al país del que nunca se fue, porque siempre estuvo atento y preocupado de esos rehenes que no quieren liberarse de su locura.