Desde que terminó el partido con Bolivia del pasado viernes 19 de junio no sólo se acabó una exhibición futbolística en que Chile pasó por encima del equipo altiplánico, sino que comenzó una nueva etapa para el país. Lo que vivimos hoy es nuevo, es un sentimiento generalizado que se respira desde los pasillos en las oficinas donde el trabajo queda de lado y la única preocupación es saber si se podrá salir antes para llegar a tiempo para ver a la Roja de Sampaoli. Desde ese pitazo final, Chile refuerza la esperanza por alcanzar un momento de alegría. Hoy en el Estadio Nacional, Chile salió a la cancha para lavar heridas de una y otra batalla en que nunca pudimos doblarle la mano a ese destino que sólo le sonríe a los del Atlántico, ese destino que siempre nos ponía un árbitro sin experiencia o que hacía rebotar la pelota en el área para que terminara fuera de la cancha o, lo que era peor, en arco propio.

Hoy Chile logró un muy merecido paso a semifinales luego de dejar en el camino al siempre aguerrido equipo uruguayo que, llenos de historia y de copas venía con la intención de dejarnos fuera como lo vienen haciendo una y otra vez, apelando al despliegue defensivo y la pierna fuerte… muy fuerte. En el partido de hoy, la Roja puso todo su juego y la paciencia para doblegar el que quizás es el escollo más duro en el camino hacia la final, porque cortémosla de eufemismos, ahora viene Perú o Bolivia, y no me vengan con el cuento del “paso a paso” o el respeto por el rival… ya está bueno que digamos las cosas como son: Es una obligación pasar por encima del próximo rival y llegar por la puerta grande a la final de esta Copa América que organizamos para ganar.

Ya estaba bueno que nos tocara a nosotros levantar los brazos; que no fuésemos nosotros los que, fuera de nuestras casillas, lleváramos el partido a un escenario innecesario; ya estaba bueno que el público del estadio (turistas, auspiciadores e hinchas del Chile campeón mundial de Polo) gritaran con el alma cuando el partido no se abría; ya estaba bueno que ganáramos un partido sin depender de un Alexis Sánchez superlativo; ya estaba bueno que Mauricio Isla demostrara el jugador que es y se comiera la banda derecha como lo hacía en Udinese o bajo la dirección de Marcelo Bielsa; ya estaba bueno que nuestros jugadores más temperamentales no cayeran en las provocaciones ni las faltas reiteradas del rival; ya estaba bueno que la picardía funcionara para nosotros y nos dejemos de hablar de cómo se aprovechan de “los chilenitos”.

Somos Chile y vamos a 150 kilómetros por hora zigzagueando por una carretera llena de los obstáculos de siempre, pero que sabremos sortear como nunca… somos Chile y somos un país en el que los profesores, los estudiantes, los mapuches, los clientes de las farmacias, los que se llenan los pulmones de smog, los que no quieren que llueva porque no tienen techo y los desilusionados votantes mañana tendrán una alegría más, o una tristeza menos…

Ya estaba bueno que no nos metieran más la mano en el culo.

Desde hoy, nos toca a nosotros.