¿Qué es ganar “a lo Colo-Colo”?

Felipe Maquieira

Te invitamos a leer una nueva columna alba, esta vez, tras el gran triunfo en el Superclásico del fútbol chileno.

Te invitamos a leer una nueva columna alba, esta vez, tras el gran triunfo en el Superclásico del fútbol chileno.

¿Es conseguir la victoria a pesar de no contar con un mejor plantel que el rival, en todas sus líneas?

¿Es ganar con tres lesionados en cancha; que el arquero cediera un gol por estar con una pierna menos, pero que igual achique una ocasión clara rival, arriesgando todo para evitar otro gol?

¿Es confiar en una zaga que daba licencias en partidos anteriores, con rendimientos superlativos de sus centrales, con un joven de 17 años siendo el dueño de la banda izquierda, con un lateral derecho que no es propiamente tal, pero que sus coberturas emocionaron por lo precisas?

¿Es que el mediocampo se viera fuerte ante los nombres eclipsantes con los que contaba el rival, entre ellos, los dos mejores mediocampistas del año pasado: Charles Aránguiz y Juan Rodrigo Rojas?

¿Es que un niño de 18 años, y un jugador pisoteado por los hinchas de equipos rivales y el propio, se alzaran en el partido mayor del fútbol chileno, para decidir el triunfo de su escuadra?

¿Es entregar la responsabilidad que incontables técnicos de mayor y menor trayectoria han sucumbido al afrontar: ser el director técnico de Colo-Colo, a un debutante ex delantero, que no hizo otra cosa que afirmar su convicción en el mismo equipo que había perdido ante Universidad de Concepción, goleado, siete días antes, para ganarle al máximo rival?

¿Es sobrepasar las barreras que ofrecía el buen puñado de futbolistas rivales, además de errores arbitrales groseros que siempre los favorecieron, para no perder la calma ni la convicción de que el partido estaba ahí, de que era ganable; la misma convicción que no se ha tenido durante todo el torneo cuando nos han convertido un gol en contra, y el equipo se desmorona?

¿Es ganar con jugadores formados en Pedrero como estandarte del triunfo, con tres de sus hijos convirtiendo goles de buena factura, y celebrando con la tribuna al término del partido, casi como un acto redentor para ese puñado de niños que visten el escudo del Cacique durante una buena parte de su vida, esperando el momento que se abre una oportunidad para poder subir al Plantel de Honor, y un extranjero toma ese preciado lugar, para irse a los seis meses del club sin pena ni gloria, pero muchos miles de dólares?

¿Es ganar al último minuto, cuando sentías que no debías perder, que estabas a punto de perder, y que todo hacía parecer de que el partido se iba en cuestión de trámites, para que un pase en profundidad, una corrida solitaria, un arquero lanzándose antes de tiempo, y un hombre con hambre de gol definiera cruzado, para que el grito sagrado se escuchase a kilómetros de distancia, para lavar en parte otro año nefasto en que el sueño de bajar la estrella del número maldito se acabe sin siquiera comenzar?

Nunca he sabido qué significa ese verso de “ganar a lo Colo-Colo”. Sólo sé que lo vivido en la jornada de domingo, fue exactamente eso.

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