Santiago Wanderers volvió a los triunfos justo a tiempo

Roberto Sánchez

Tras seis largas fechas sin saber de triunfos, la victoria del sábado ante Unión La Calera llega justo una semana antes del Clásico Porteño.

Tras seis largas fechas sin saber de triunfos, la victoria del sábado ante Unión La Calera llega justo una semana antes del Clásico Porteño.

Lo positivo de la jornada sabatina en Quillota es, sin lugar a dudas, el retorno del decano al triunfo. Aunque también es responsable hacer el llamado a no volverse locos, pues el rival vencido mostró un nivel discretísimo partiendo desde la portería (Arnaldo Giménez falló groseramente en el primer gol e hizo el penal que generó el segundo).

Desde el inicio llamó la atención el cambio de esquema planteado por Ivo Basay, dejando atrás el 3-5-2 y pasando a un 4-3-3 con laterales tradicionales, un único volante de corte, dos volantes de salida y tres delanteros netos. Con esto, el principal damnificado fue el líbero argentino Ezequiel Luna, de campaña muy regular pero de mal partido la semana pasada ante Iquique.

Las diferencias planteadas se reflejaron a la hora del partido, pues Wanderers se vio más estructurado desde el fondo y apostando a generar fútbol con combinaciones nacidas desde los mediocampistas libres para la salida. En ese sentido, se reflejó un alza en el alicaído juego del capitán Jorge Ormeño y de Boris Sagredo, los escogidos por Ivo Basay para tal función, aunque dicha alza se generara porque Calera descansaba su contención en un Ángel Carreño que no fue apoyado de manera acorde por un Maximiliano Bajter más preocupado de atacar que de defender. Con estos dos generadores de fútbol, por primera vez en el campeonato el trabajo de Matías Donoso y Marcos Sebastián Pol no sería producto de balonazos en que se les mandaba a pelear, y eso se notó en la cancha. Donoso se dio el lujo de apoyar a Ormeño y Sagredo en la generación de fútbol además de poner su sacrificio en las disputas aéreas, además de aportar con dos fundamentales goles. Pol, por su parte, entregó lo que se conoce de él y demostró que el arco lo tiene entre ceja y ceja, por más que la precisión no apareciera y no haya anotado en la tarde quillotana; además, su jugada y posterior asistencia a Donoso en el tercer gol fueron simplemente fantásticas, habilitando al goleador de San José de Maipo con visión panorámica digna del mejor creador.

En cuanto a Nicolás López Macri, tercer delantero en Quillota y autor del primer gol, se le vio más activo que en otras ocasiones producto del mejor trabajo de Ormeño y Sagredo, pero demostró una vez más que carece de la técnica de juego que se espera para un puntero, además de no tener siquiera una cercanía al instinto asesino de sus compañeros de ataque. Se puede decir que abrió la cuenta, pero sería una ceguera enorme obviar el grotesco error del portero calerano, quien no supo controlar un remate bajo, centrado e inocente que se le pasó por debajo de su cuerpo. Llega a ser inexplicable que sea siempre una alternativa de ataque para el entrenador.

El desempeño defensivo mejoró, pero se insiste en el llamado a no volverse locos. El lateral derecho Franz Schultz se vio bien de mediocampo hacia adelante pero mostró la fragilidad defensiva que se le conoce, mal aprovechada por los “cementeros” hasta su salida por lesión, lo que permitió el retorno a las canchas tras siete meses y medio de Agustín Parra, quien se suma a las alternativas defensivas para el técnico, más ahora que se viene el partido más importante del semestre. Los centrales Mauricio Prieto y Juan Abarca se consolidan y dan una firmeza adicional al sólido trabajo en la portería de Mauricio Viana, al punto que dejaron en el banco a Ezequiel Luna cuando hubo que volver a dos centrales. El lateral izquierdo Óscar Opazo, por su parte, muestra el nivel discreto que se le conoce pero al ser más aplicado defensivamente es una opción constantemente considerada por Basay. Finalmente, el volante de contención en solitario el sábado en Quillota, Sebastián Méndez, al no tener acompañante pudo mostrar el despliegue y marca que lo caracterizan, sin entorpecer su trabajo como cuando hacía dupla con el capitán Ormeño. De todas maneras, sin querer ser majadero, se vio un buen funcionamiento defensivo por la evidente debilidad del equipo calerano pues las dudas que habitualmente se han vinculado a los jugadores mencionados aún siguen presentes.

Es cierto, se sumó de a tres, pero de todas maneras sigue habiendo mucho por trabajar en todas las líneas del equipo y considerando que – más allá de algunas individualidades que sobresalen – existen puntos débiles que requieren pronta mejora, y son tales puntos débiles los que pueden costar caro ante rivales de mayor jerarquía o en los clásicos como el que se viene.

Demás está decir que el partido a jugarse el domingo a las 16:00 horas – hasta nuevo aviso, por cuarta vez este año en Quillota – marcará la tendencia de lo que queda de semestre. Fue el primer clásico de este año el que puso los toques de alerta en la hinchada “caturra” sobre el trabajo de Ivo Basay, y fueron los dos de Copa Chile los que terminaron por quitarle el crédito al técnico. Así, el cuarto clásico de este año es quizás la última oportunidad para que el cuerpo técnico porteño tenga un cierre de año tranquilo. Está en ellos y en los jugadores que escojan para jugar ese día romper la tendencia y devolver la sonrisa a una hinchada que en este tiempo se ha llenado más de desilusiones que de otra cosa. A ellos, el único mensaje que puedo entregarles desde esta tribuna es que no olviden que los clásicos no se juegan, se ganan. Lo dice el himno del club, “con honor, con valor, vencerá en la lid”.

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