Una amargura que no se detiene

Rodrigo Acuña

El Lobo sigue chocando contra los infranqueables muros rivales en el actual torneo, la luz del triunfo se avizora lejana, algo que se intensificó el viernes con el empate en blanco ante Argentinos en el bosque platense.

El Lobo sigue chocando contra los infranqueables muros rivales en el actual torneo, la luz del triunfo se avizora lejana, algo que se intensificó el viernes con el empate en blanco ante Argentinos en el bosque platense.

La jornada empezaba movida en los alrededores del Estadio Juan Carmelo Zerillo cuando se acercaba la hora del encuentro. A los habituales vendedores de camisetas del Lobo que conquistan cotidianamente a grandes y pequeños con los colores albiazules, y a los vendedores de pattys que satisfacen los estomagos gimnasistas, se sumaron los repartidores de volantes que esta vez eran diferentes, eran volantes partidarios, el próximo 30 noviembre se elige presidente en Gimnasia y Esgrima de La Plata, por lo cual, el clima político ya se empieza a sentir en las propias cercanías de la cancha del elenco tripero.

En ese sentido, mientras se escuchaban por megáfonos, a pocos metros del ingreso al estadio, mensajes políticos de candidatos como Daniel Onofri, que va por la reelección, Carlos Castagneto, que ha sido considerado el abanderado del consenso tripero, y César Melazo, que surgió como nueva alternativa y esperanza gimnasista a última hora, la luz del sol comenzaba a apagarse y el intenso calor que había estado azotando a La Plata comenzaba a ceder y empezaba a sentirse una pequeña brisa, para algunos, como una señal de cambio, para otros, como una nueva esperanza para ver al Lobo ganar con propiedad en su cancha.

A medida que se acercaba el inicio del partido, las colas en boleterías se agrandaban, una señal de la confianza que tenían los triperos en el resurgir de los dirigidos por Troglio, por cada minuto que pasaba la ansiedad de los hinchas se acrecentaba, empezaban los canticos provistos del romanticismo tan afín a los gimnasistas, a su vez, circulaban cada vez más volantes, uno de Castagneto volaba por los aires, otro de Onofri era arrugado y botado a la pasada, mientras que los de Melazo no encontraban destinatarios, los triperos estaban inquietos, deseaban ingresar cuanto antes a la cancha, en sus cabezas solo imaginaban el gol que gritarían desde las gradas como si hubiesen conseguido una copa mundial.

Quedaban 20 minutos para que Álvarez diera comienzo al pleito en el Bosque, las tribunas comenzaban a llenarse casi por completo, aún quedaban algunos pequeños huecos vacios, en el ambiente se sentían con fuerza los canticos de apoyo de la hinchada tripera, que estaba expectante por el inicio de un encuentro que esperaban fuera el comienzo de la recuperación y el fin de una racha sin triunfos ante el Bicho Colorado que llegaba casi a los siete años. En ese mismo instante cuando los gritos se tranquilizaban, quizás guardando energías para los 90 minutos, en la cancha, finalizaban sus trabajos previos los arqueros de Gimnasia, Fernando Monetti, y Argentinos, Pablo Migliore.

Luego de algunos minutos, entre la salida de la cancha de los porteros de ambos equipos y la calma en la gradas, tal vez, debido a que comenzaban a ingresar los rezagados, esos que producto de sus trabajos o responsabilidades, no pueden llegar antes para vivir con todo la previa gimnasista, entraba al terreno de juego el entrenador rival, Ricardo Caruso Lombardi, personaje del fútbol argentino, que calentó los ánimos y que motivó a un par de hinchas triperos a recitarle un rosario embellecido por resonantes palabras, el técnico de Argentinos no hizo oidos sordos y en un poco usual intercambio linguístico mantuvo una chispeante charla con un hincha mayor del Lobo, un fanatico que seguramente ha vivido casi todas las malas que le ha tocado afrontar al club platense en los últimos años.

Después de aquella enriquecedora charla que puso a un hincha a la misma altura del técnico rival por tan solo un par de minutos, Luis Álvarez se aprestaba para dar inicio al partido, el reloj casi marcaba las 20.20 horas, el calor había abandonado prácticamente en su totalidad y el clima auguraba un encuentro seductor, sin el apremio de las elevadas temperaturas que se habían venido percibiendo en el curso de esta semana. La pelota empezaba a rodar, los triperos en las tribunas a cantar con fuerza y los jugadores gimnasistas a apretar al rival con una intensidad que no se veía hace algunos partidos, que recordaba los mejores momentos de los de Troglio en este campeonato.

El Lobo presionaba con convicción y se generaba sus primeras oportunidades, el balón circulaba por los pies de Franco Mussis, que distribuía el balón con tanta brillantez como su cabeza carente de cabellos, el grito de gol terminaba ahogado una y otra vez, con el correr de los minutos el temor se reforzaba más, la película parecía repetida, Gimnasia dominaba el partido, tenía el balón, no pasaba apremios en la retaguardia, pero no lograba convertir ninguna de sus ocasiones. A veces por la astucia de Migliore, otras veces por la impericia de los definidores, otra veces por algún palo inexplicable. Por otro lado, ante el derroche tripero que empezaba a ser tan grande como el continente americano, Argentinos buscaba molestar y entristecer a los locales con algún contragolpe fulminante, claro que sin éxito, ante el sobresaliente nivel de la última línea albiazul que retomaba el rendimiento que había originado hace algunas semanas atrás una danza innumerable de halagos, claro, considerando que el trabajo ofensivo también rendía frutos y tenía al conjunto tripero peleando entre los cinco primeros del torneo.

El primer tiempo terminaba en blanco, con un dominio de Gimnasia y Esgrima de La Plata que hacía sentir a los hinchas que el gol estaba cerca. Aunque también con la sensación de que la impericia podía costar caro como tantas otras veces había sucedido, como contra Arsenal, como con Tigre, como con All Boys, Argentinos también tuvo lo suyo, angustió a ratos a los triperos y ocasionó que en más de un momento emergiera con fuerza un retumbante ataque de furia contra Caruso Lombardi, lo más suavecito que le dijeron fue “Gordo pincharrata”. La noche empezaba a llegar, el frío se apoderaba de las tribunas ante una intensa brisa, pero de goles ni hablar, todo terminaba en cero, con la frustración propia de los gimnasistas que ansiaban gritar un gol para espantar el mal presente de los de Troglio.

Luego del descanso, donde los hinchas del Lobo no dejaron de cantar aún ilusionados con la victoria, Álvarez dio inicio al complemento que empezó con pierna fuerte, una patada por lado, mucho roce e intensidad que por momentos empezaba a mermar el espectáculo, ya que las llegadas a los arcos disminuían, si Monetti había tenido poco trabajo en el primer tiempo, en el inicio de la segunda etapa esta situación se agudizó, en cambio, Migliore que sí había tenido que atenderse los nervios, vio algo de tranquilidad en el arranque del complemento, calma que poco a poco empezaba a disminuir ante la arremetida de Gimnasia que se acordaba que era local y que necesitaba la victoria. Volviendo a generarse situaciones y Mussis a tomar protagonismo en el medio, aunque con una falta de fineza que impedía a los atacantes triperos llegar con comodidad ante Migliore para hacer explotar a los hinchas con un grito de gol.

Durante casi 20 minutos, el trámite terminaba siendo el mismo, con Gimnasia firme tomando la batuta, encandilando a sus hinchas y llenándolos de ilusión, pero la conquista no llegaba, el último toque siempre era defectuoso, continuamente le faltaba un pelito de precisión, a veces la pelota no llegaba a su destinatario, provocando la ofuscación en las gradas, otra veces, la pelota quedaba pasada ahogando el festejo, otra veces, los de Troglio hacían una de más. Así hasta que en una pelota dividida, Julio Barraza, defensor de Argentinos saca la peor parte, sufre un duro golpe en la cabeza, cae al pasto y no puede levantarse, lo que parecía un choque de fútbol, terminaba siendo una lesión más grave, una prueba de ello, fue la oportuna y rápida entrada de una ambulancia a la cancha que ingresó para auxiliar a Barraza, el estadio ante los acontecimientos estaba silente y preocupado, con la salida de la ambulancia y el ingreso de Pablo Barzola por el Bicho Colorado lesionado, todo volvió a su curso, los gimnasistas volvieron a cantar con euforía y alentar a sus guerreros para ir por el esquivo gol.

El Lobo en los últimos minutos, que incluyeron siete de adición por los cambios y la fea lesión de Barraza, intensificó su dominio en el campo de juego, la noche estaba desatada en La Plata y el frío se apoderaba de las tribunas, pero los triperos no decaían en el apoyo a sus jugadores, las situaciones de gol se acumulaban, Mussis casi celebraba pero el palo le decía que no, el línea anulaba un gol que por segundos alegraba a todo el estadio, Migliore salía cortar un centro de forma deficiente dejando la pelota dando vueltas en el área, los hinchas se ilusionaban con el obsequio, acto seguido la frustración crecía al ver que ningún jugador albiazul tomaba el regalo. Entre intentos, imprecisiones o simplemente derroches, Luis Álvarez agarraba el silbato y pitaba el final del partido. La desazón otra vez secuestraba a los triperos que veían cómo una vez más se iban del Bosque sin poder celebrar, y lo peor, extendiendo la mala racha ante Argentinos, equipo al que no vencen hace casi siete años, desde aquel hoy lejano 9 de diciembre de 2006, cuando con gol de Daniel Romero el Lobo alegraba a la Plata.

El mal clima deportivo del Lobo no solo estaba en la cancha, también se reflejaba en una sorprendente negativa de Pedro Troglio para hablar con los medios de comunicación, el DT de Gimnasia como nunca le cerraba la puerta a los periodistas, el contexto no era el mejor, no se había perdido pero su equipo había fallado una vez más en el finiquito, por lo cual, el sabor era amargo como hace varias semanas. Los que si se animaron y dieron la cara pese al dolor por el resultado, fueron los jugadores, que salieron lentamente con una cara carente de risas pero con una lectura unánime: “Gimnasia hizo todo bien, fue superior”. Eso salió de la boca de Matías García, Franco Mussis y Juan Carlos Blengio, quienes coincidieron que el Lobo mejoró su juego, que se afirmó atrás como hace tiempo no pasaba y que había que seguir sumando, desdramatizando la mala racha, esa que tiene intranquilos a los gimnasistas que desean asegurarse en Primera cuanto antes para no sufrir como hace dos años.

Lo cierto es que el Estadio Juan Carmelo Zerillo estuvo repleto nuevamente, el hincha tripero llegó ilusionado, se comió los volantes partidarios a la entrada, cantó todo el encuentro y se fue amargado nuevamente. Gimnasia mejoró su andamiaje defensivo, volvió a propiciarse muchas situaciones de gol, pero siguió sin solucionar sus problemas, esos que están en el mediocampo y en el ataque, donde como sostuvo uno de los destacados del encuentro, Franco Mussis, no han estado finos, esa falta de precisión ha costado triunfos y ha regalado amargura, pero el plantel tripero sabe que debe mejorar esa faceta, lo positivo, sin duda, es que el Bosque vio el resurgir defensivo, ese que vio brillar y meter a Facundo Oreja, lo mismo que con Barsottini, Blengio y Licht, que fueron impasables, además, hizo crecer el respeto por Fernando Monetti, portero que pide a gritos una oportunidad en la Albiceleste, el viernes lo exigieron poco, pero cuando lo apretaron y desafiaron jamás destiñó, en una jornada triste que impidió al Lobo escalar en la tabla y lo obligó a aceptar el duodécimo puesto que hoy ocupa producto de seis fechas sin saborear un triunfo, ese gusto que pudo disfrutar con frecuencia en el inicio de torneo, festejando ante rivales como River y Rosario Central, que se habían armado para pelear algo más que la permanecia en la división.

 

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